Continúan llegando desde Irak noticias cada vez más dramáticas sobre la persecución a la que están siendo sometidos los cristianos de este país por parte del Estado Islámico. La mayor parte de la prensa internacional guarda sin embargo silencio ante lo que va camino de convertirse, al igual que en Siria, en un auténtico genocidio.

Según informa el diario argentino Crónica, unos 100.000 cristianos han huido del norte de Irak, donde los yihadistas tomaron Qaraqosh, la mayor ciudad cristiana en Irak, y las zonas de los alrededores, abandonadas durante la noche por las tropas kurdas, indicaron el jueves testigos y el . «Es un desastre humanitario, las iglesias [de las ciudades tomadas] están ocupadas y se han retirado las cruces», explicó el patriarca caldeo Louis Sako.

«Sé que las ciudades de Qaraqosh, Tal Kaif, Bartela y Karamlesh han sido vaciadas de su población y están ahora bajo control de los milicianos», indicó Joseph Thomas, el arzobispo caldeo de Kirkuk y Suleimaniya. Allí destruyeron cruces y quemaron manuscritos en las iglesias locales.

«Es una catástrofe, una situación trágica. Llamamos al Consejo de Seguridad de la ONU a intervenir de inmediato. Decenas de miles de personas aterrorizadas están siendo expulsadas de sus casas en el momento en el que hablamos, no podemos describir lo que está ocurriendo», declaró a la AFP monseñor Thomas.

Qaraqosh es una ciudad totalmente cristiana que se encuentra entre Mosul, principal ciudad en manos de los yihadistas del Estado Islámico (EI), y Erbil, la capital regional kurda. Cuenta con una población de unas 50.000 personas.

Tal Kaif, donde vive una comunidad cristiana significativa y miembros de la minoría chiita chabak, también se vació durante la noche. «Tal Kaif está ahora en manos del Estado Islámico. No enfrentaron ninguna resistencia y simplemente entraron pasada medianoche», dijo Butros Sargon, residente que huyó de la ciudad, contactado por teléfono en Erbil.

Los ataques comenzaron el martes. Los desplazados se refugiaron en las ciudades ahora atacadas tras huir el mes pasado de Mosul, la gran ciudad del norte de Irak bajo control desde el 10 de junio de los insurgentes sunitas del Estado Islámico.

Limpieza religiosa

Los cristianos de Mosul ya no se ven. Han sido expulsados o exterminados por los yihadistas en menos de siete meses. Los terroristas los identifican marcando sus casas con la letra árabe Nun, inicial de nazareno, «cristiano».

Los pocos que quedaban o se convertieron al islam, o marcharon al exilio o fueron pasados a espada. El califa del Estado Islámico, Abu Bakr Al Bagdadi, ha impuesto en su territorio la sharía -ley islámica- y no admite más creencia que la suya. La desobediencia acarrea la pena de muerte.

Hay que recordar, como recientemente hacía el día español El Mundo, que el censo de cristianos iraquíes, una de las comunidades más antiguas de la Iglesia, ha adelgazado dramáticamente en el último decenio. En 2003 se contaban por millón y medio y representaban el 5% de la población. El año pasado no llegaban a 450.000 fieles. Tras la invasión estadounidense del país, la insurgencia suní les puso en el punto de mira de ataques y secuestros. Hoy, podemos añadir, están a punto de desaparecer por completo.

Papa Francisco: llamamiento a la comunidad internacional

Al hilo de esta situación y según ha informado Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, leyó hoy un comunicado en el que indicó: “El Santo Padre sigue con viva preocupación las dramáticas noticias que llegan desde el norte de Irak y que afectan a la población desarmada”.

Lo hizo al término de la presentación a la prensa internacional del viaje del papa Francisco a Corea. Indicó que “se ven particularmente afectadas las comunidades cristianas: es un Pueblo en fuga de sus propios lugares debido a la violencia que en estos días está golpeando y desarticulando la región”.

Recordó que “durante la oración del ángelus del pasado 20 de julio, el papa Francisco había exclamado con dolor: «Nuestros hermanos son perseguidos, expulsados, tienen que dejar sus casas sin la tener la posibilidad de llevarse nada consigo. A estas familias y a estas personas quiero expresar mi cercanía y mi constante oración. ¡Queridos hermanos y hermanas que están siendo perseguidos, sé lo que sufren y sé que están siendo despojados de todo. Estoy con ustedes en la fe de Aquel que venció el mal!».

«A la luz de estos angustiantes eventos, el Santo Padre renueva su cercanía espiritual a todos aquellos que están sufriendo esta dolorosísima prueba y se une a los acorazonados llamados de los obispos locales, pidiendo junto a ellos y por sus comunidades en tribulación, que se eleve de toda la Iglesia una oración coral para invocar del Espíritu Santo el don de la paz».

En el comunicado, el italiano Lombardi precisó que “Su Santidad dirige además a la comunidad internacional un apremiante llamado, para que se active de manera que se ponga fin al drama humanitario en acto, y se emplee en proteger a cuantos están afectados o amenazados por la violencia, y para asegurar las ayudas necesarias, especialmente las más urgentes a tantos desplazados, cuya suerte depende de la solidaridad de los demás».

El director de la Oficina de Prensa, concluyó indicando: “El papa hace un llamamiento a la conciencia de todos y a cada creyente repite: «El Dios de la Paz suscite en todos un auténtico deseo de diálogo y de reconciliación. ¡La violencia no se vence con la violencia. La violencia se vence con la paz! ¡Recemos en silencio pidiendo la paz: todos en silencio… María Reina de la Paz, ruega por nosotros».