Jaime Urcelay en CorresponsablesCoincidiendo con la celebración en Barcelona de la XIII Jornada Corresponsables, ha sido presentado el Anuario Corresponsables 2010, la publicación de referencia de RSE en España que desde hace cinco años edita Media Responsable.

Como en ediciones anteriores, el Anuario incluye una colaboración de Jaime Urcelay, Presidente de Profesionales por la Ética, dedicada en esta ocasión a la reflexión sobre los requerimientos de la Responsabilidad Social de la Empresa en el contexto de la actual crisis financiera.

Reproducimos a continuación el texto completo de esta colaboración.

UN CAMBIO PROFUNDO EN EL MODO DE ENTENDER LA EMPRESA

El balance de los últimos cinco años de evolución de la responsabilidad social empresarial (RSE) apunta a la gradual consolidación de una nueva y prometedora cultura social, empresarial e institucional basada en el compromiso voluntario y autorregulado de las organizaciones con la dignidad de la persona, el bien común y el desarrollo sostenible. Es justo, desde luego, reconocer al Anuario Empresa Responsable y a Media Responsable su significativa contribución, en el marco español, a este desarrollo.

Pero la profunda crisis financiera, que ha golpeando con dureza a la mayor parte de las economías y que es, antes de nada, una crisis de valores morales, nos obliga también ahora a volver la mirada hacia las dimensiones más internas de la RSE.

La preservación del empleo es hoy una dramática prioridad que reta a la RSE y al conjunto de actores para buscar, desde el diálogo y la concertación social, la forma de reducir los efectos negativos sobre la ocupación laboral.

También la crisis, y con ella la necesidad de ajuste en los presupuestos de las empresas, es un entorno oportuno para replantearnos algunas concepciones de la RSE que en ocasiones han disfrazado el enfoque más valioso y permanente de este modelo de gestión.

En efecto, el predominio del marketing y las relaciones públicas en algunas prácticas y el enfoque exclusivo hacia la acción social como elemento de simple imagen comercial, ha podido distorsionar el verdadero valor añadido de la RSE a las propias empresas y a sus diferentes grupos de interés.

La cosmética y la estética han pretendido inútilmente sustituir a la ética. La crisis, como afirmaba el Director Gerente del Pacto Mundial, va  a tener en este sentido un  inevitable “efecto limpiador”.

Preguntas incómodas, pero indispensables

La RSE, para ser algo más que una moda, necesita un planteamiento de mucho más calado, que implica toda una concepción institucional de la empresa y que reclama el reconocimiento de valores superiores que permitan establecer prioridades y proporcionar criterios seguros, sólidos e integrales, válidos para el largo plazo.

Un planteamiento que requiere plantearse, explícita o implícitamente, las grandes -y a veces incómodas- cuestiones de fondo:

  • qué entendemos por empresa, cuáles son sus fines y dónde radica su legitimidad;
  • cuál debe ser la contribución específica de cada empresa al desarrollo del conjunto social;
  • cuál es el sentido último del beneficio y de las ganancias empresariales;
  • qué implica que la empresa sea, ante todo, una comunidad de personas y en qué medida estamos dispuestos a reconocer la dignidad humana como  valor absoluto y central;
  • qué es una persona y cuáles son sus necesidades fundamentales, entendiendo cuál es el significado del trabajo en la vida del hombre;
  • qué lugar ocupa el medio ambiente en nuestra vida y en el de las futuras generaciones;
  • cuál es, en fin, el rol de la sociedad civil y, en particular, de la empresa como célula de ésta, con relación la construcción del bien común de la comunidad en su conjunto.

Sólo en base a una acertada y coherente contestación a estas preguntas es posible encontrar bases sólidas y permanentes para la RSE, que, en definitiva, están en la esencia misma de una empresa que quiera ser realmente humana.

Este es, a mi parecer, el marco que, mirando al futuro, puede orientar un impulso coherente, atractivo y beneficioso para todos de la RSE. Un marco que ciertamente tiene que completarse con una cuidadosa adaptación a las necesidades y las prioridades de cada entorno concreto y a los sectores y tamaños de las empresas.

Un enfoque que requiere también, para ser eficiente, el desarrollo de instrumentos y herramientas de gestión y reporte, en los que sin duda se ha avanzado mucho en los últimos años y para los que la futura Guía ISO 26.000 va a representar una inestimable ayuda.

Libertad responsable de cada persona

Pero el entendimiento de las exigencias de la RSE no estaría completo sin una apelación al compromiso personal. Es cierto que las organizaciones pueden ser consideradas como personas morales  y como tales sujetos de derechos y deberes y que en ellas existen, además de culturas organizacionales, estructuras de decisión y planes, políticas, normas y procedimientos para esa toma de decisiones.

Sin embargo, la responsabilidad es, en sentido estricto, un atributo de las personas físicas porque sólo ellas tienen libertad. Negar este principio llevaría a un absurdo y anónimo colectivismo en las organizaciones que supondría, de hecho, la negación de cualquier responsabilidad real. Por eso, el papel de los órganos de gobierno y de los directivos de las organizaciones será siempre decisivo para la RSE. Son ellos quienes con sus decisiones estratégicas u operativas condicionan que la organización en su conjunto asuma o no comportamientos socialmente responsables. Ellos son determinantes para el desarrollo de una responsabilidad social verdaderamente integrada en la estrategia, la cultura y los procesos de la organización. La RSE, es, al cabo, una cuestión de liderazgo.

Jaime Urcelay

Presidente de Profesionales por la Ética