He tenido recientemente la experiencia de acompañar a mi hija Elena a la Universidad de Lublin, donde cursará un cuatrimestre de Psicología. Unos días de turismo aprovechando la ocasión, me han permitido conocer algunos lugares de Polonia e intuir cómo es el alma de esta gran nación, que se esconde bajo las expresiones y los rostros del pueblo polaco.

El lenguaje, que pareciera haberse quedado con las letras que nadie quiere cuando en España jugamos a construir palabras: K, W, Y, Z,… no facilita la comprensión verbal. Sin embargo, las imágenes, tantas imágenes que ahora vienen a mi memoria, ayudan a intuir la personalidad polaca.

Nos acompañaba mi hijo Juan Pablo; era una ocasión única para que fuese testigo de los lugares vinculados a San Juan Pablo II, posiblemente el personaje más grande y universal de esta tierra de raíces católicas. Mi hijo debe su nombre al admirado y querido Papa, el que conquistó el alma a toda nuestra generación alentándonos a no tener miedo.

No es fácil plasmar en unas líneas los pensamientos y las emociones que surgieron cuando visitamos el Santuario de Jasna Gora, en Czestochova, y rezamos ante la Virgen negra. Multitud de peregrinos, ancianos que permanecían rezando el Rosario de rodillas en el suelo por largo tiempo, o la gran peregrinación de Solidarnosc con la que tuvimos que tuvimos la suerte de coincidir. La Virgen, ha sido sin duda Madre de Polonia y su corazón ha alentado al pueblo polaco, un pueblo cuyo sufrimiento se muestra especialmente en los rostros de las generaciones más mayores.

La visita guiada de Auschwitz – Birkenau me pareció muy respetuosa y alejada de las imágenes truculentas que todos hemos contemplado alguna vez. Sin embargo, el ambiente estaba envuelto de una tristeza desoladora. Era como si el tiempo transcurrido no pudiera borrar la gravedad de aquel terrible pecado humano. Es Auschwitz un monumento a la memoria de  millones de víctimas pero también un llamado a la conciencia del hombre actual, que se sorprende del racismo que enturbió el entendimiento de los asesinos y de las atrocidades de las cámaras de gas, pero que convive con el aborto, que se cobra en nuestro siglo XXI más de cuarenta millones de vidas humanas cada año. Estoy convencido de que algún día la humanidad caerá en la cuenta de la atrocidad del aborto inducido y podremos visitar con horror y vergüenza algún abortorio-museo en el que nos sorprenderemos de las macabras “técnicas médicas”.

Una de las celdas que pudimos visitar fue la ocupada por San Maximiliano Kolbe, prisionero en este campo de exterminio, que ofreció su vida por la de otro preso padre de familia.

Wadowice, población natal de Karol Wojtyla, vive hoy del turismo religioso que genera la figura de este Papa Magno. Su casa natal, junto a la Iglesia, es hoy un bello museo que incluye referencias a su infancia.

Me llamó la atención que su madre, Emilia Kaczorowska, quería que su hijo naciese y viviese cerca de una iglesia, para poder escuchar y tener a Dios más cerca. Desde luego que lo consiguió. Nos contaba la religiosa que nos guio durante la visita que desde la ventana del cuarto donde Karol estudiaba veía en el lateral de la iglesia un reloj solar que estaba coronado por la frase “CZAS UCIEKA WIECZNOSC CZEKA”, que traducido del polaco significa “el tiempo se acaba, espera la eternidad”. Esta frase se le grabó al adolescente Karol y le impulsó a aprovechar el tiempo con espíritu de estudio y laboriosidad.

Pero además, la casa-museo recorre detalles, referencias y reliquias de toda su trayectoria vital como sacerdote, obispo y Papa. Allí se encuentra, por ejemplo, la pistola con la que Alí Agca atentó contra la vida de Juan Pablo II en 1981.

Cracovia es una hermosa ciudad, atravesada por el río Vístula. Su Catedral, aneja al castillo de Wawel y el centro histórico son visita obligada. La Iglesia de Santa María recordaba con un reloj cuenta atrás los días, horas, minutos y segundos que restan para la Jornada Mundial de la Juventud.

El Santuario de la Divina Misericordia es también visita obligada. En una capilla aneja al mismo reposan los restos de Santa Faustina Kowalska.

Lublin cuenta con varias universidades. Una de ellas, la Universidad Católica, fue fundada en 1918 y en ella impartió clases Karol Wojtyla desde 1954  a 1961. Actualmente se denomina Katolicki Uniwersytet Lubelski Jana Pawła II.

Su lema, “Dios y Patria” refleja la profunda unidad que en la cultura polaca se da entre religiosidad y patriotismo.

Finalizo la crónica de nuestro viaje animando a aprovechar la próxima JMJ en Cracovia para peregrinar a un lugar que no dejará indiferente a nadie.

Miguel Gómez de Agüero