Como iniciativa de servicio que es , Profesionales por la Ética recibe peticiones de asesoramiento e informes relacionados con los temas de su especialidad. En este sentido, y dadas las consultas que hemos recibido a partir del Informe Las Leyes de la desigualdad me gustaría compartir algunos criterios sobre el  caso de alumno menor de un centro escolar cuyos padres exigen que el niño sea tratado como niña porque así «se siente». Y además los padres exigen que en el centro educativo se normalice la «diversidad sexual» para que los niños vean normales estas actitudes y comportamientos. Sin entrar en cuestiones antropológicas y morales, los criterios prácticos con la legislación en la mano, son los siguientes:

  • El niño/a está en pleno desarrollo biológico, psicológico y emocional. El centro no puede adaptar su normativa al deseo necesariamente voluble de un menor en crecimiento que busca configurar su personalidad.
  • Ello no quita para que el conflicto personal del niño, si realmente existe, se aborde en tutorías con el apoyo de especialistas (médicos, psicólogos) acreditados e independientes que busquen verdaderamente el bien del menor y su desarrollo pleno sin interferencias ideológicas ni presiones.
  • Introducir charlas y materiales para promover una determinada visión de la sexualidad (en este caso la diversidad sexual, la transexualidad, etc.) en la escuela vulnera la legislación nacional e internacional que otorga a los padres el derecho a educar a sus hijos según sus convicciones por encima de Estados y administraciones. No discriminar no implica otorgar privilegios a una persona en particular interfiriendo en la formación del resto de los alumnos.
  • Los centros educativos tienen normativas internas que permiten hacer unas cosas y prohíben otras, Y la prohibición (por ejemplo, de acudir a clase en chandal o utilizar teléfono móvil) no implica discriminación sino acatamiento de la normativa del centro escolar.

No olvidemos, por último, que determinados colectivos y asociaciones utilizan casos «trampa», reales o ficticios, para generar un problema y crear una alarma social. Como consecuencia se emprende una batalla política e ideológica (por ejemplo, contra el centro escolar, los titulares del mismo, el gobierno autonómico) y de paso se promueve una legislación desproporcionada que introduce una discriminación positiva a favor de colectivos transexuales, homosexuales, etc. Y al final, como sucede en Cataluña, la escuela se ve obligada a introducir en las escuelas la diversidad sexual como un elemento positivo de conocimiento que debe ser valorado y difundido.

Y no olvidemos que estamos en año electoral donde se buscan conflictos reales o artificiales …

Teresa García-Noblejas