Proseguimos con nuestro proyecto didáctico y divulgativo titulado Líderes para la Historia, con la quinta y última entrega dedicada a Tomas Moro. La primera entrega sobre este santo la pueden leer aquí. Y la segunda en este enlace. La tercera, aquí. La cuarta, en este enlace.

El autor de la serie es profesor de Ética y Deontología de la Comunicación. Universidad Nebrija.

El martes 6 de julio de 1535 tiene lugar la ejecución en la colina de Tower, junto a la Torre de Londres. Moro tiene 58 años. El hacha sólo pudo cortarle la cabeza, expuesta luego en una picota en lo alto del Puente de Londres durante un mes. Fue el único modo que tuvo Enrique VIII de apoderarse de ella.

Sin embargo, el rey no pudo asir la conciencia del que había sido la persona más cercana al soberano y su representante directo. Enterrado su cuerpo en la capilla de San Pedro ad Vincula antes de las nueve en punto, su espíritu permanece vivo entre los hombres, porque eligió ser fiel a Dios y a su conciencia. La hoja afilada del verdugo le arrancó la cabeza de un solo tajo, le cercenó el pulso, interrumpió los latidos de su corazón. Pero en el mismo momento que rodaba por el suelo del patíbulo la cabeza del «gran traidor», se alzaba la vida eterna de Moro.

Tras su muerte, comienza en Inglaterra la destrucción más despiadada de cualquier vestigio de la existencia de Tomás Moro. Enrique VIII y Cromwell casi lo consiguen. Pero no contaban con la profunda huella que Moro había dejado entre la gente del siglo XVI. Chapuys, el embajador imperial en Londres, escribe a Carlos V llamando a Moro «santo mártir». El pueblo londinense tejió pronto la leyenda de su Lord Canciller, que culminó en el teatro en tiempos de Isabel I. La hija de aquella reina por la que Enrique le arrancó la cabeza.

«Su elocuencia habría dejado logrado la victoria incluso sobre un enemigo; y es hombre tan querido para mí que si me pidiese que bailara y cantara a la rueda rueda le obedecería gustoso. A menos que me engañe el enorme afecto que siento por él, no creo que la naturaleza haya forjado antes un carácter más hábil, más rápido, más prudente, más fino, en una palabra, que estuviese mejor dotado que él con toda clase de buenas cualidades. A ello se agregan un dominio de la conversación que iguala a su intelecto, una maravillosa jovialidad en el trato, riqueza espiritual. Es el más dulce de los amigos, aquel con el que me agrada mezclar con placer la seriedad y el buen humor».

Este retrato de Moro -pintado por Erasmo de Rótterdam- fue la primera piedra lanzada al estanque vivo de la Historia. La onda expansiva ha traspasado la isla inglesa y se ha desbordado en todo el mundo. Hasta nuestros días. El 29 de diciembre de 1886, el Papa León XIII le beatifica. El 19 de mayo de 1935, Pío XI proclama santo «al laico Tomás Moro». Y el 31 de octubre de 2000, Juan Pablo II patrón de los políticos y los gobernantes.

Moro es, sin duda, «un hombre para la eternidad». «El hombre para todas las horas». Para todos los tiempos. También para estos que nos ha tocado vivir.

 Carlos Cachán

Para saber más:

 Tomas Moro. Keith Watson. Perspectivas (UNESCO), vol. XXIV, nº 1-2, 1994, págs. 181-199

http://www.ibe.unesco.org/publications/ThinkersPdf/moros.PDF

http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/archive/publications/ThinkersPdf/moros.PDF

Un hombre para todas las horas: la correspondencia de Tomás Moro (1499-1534)

Editado por Álvaro De Silva

http://books.google.es/books/p/ediciones_rialp2?id=TfaaGPbea5sC&pg=PA27&dq=defensa+del+humanismo&hl=es&cd=3&redir_esc=y#v=onepage&q=defensa%20del%20humanismo&f=false

Tomas Moro: obras completas

http://www.dudasytextos.com/clasicos/tomas_moro_completas.htm