Poco más de dos años separa ambos actos. 17 de octubre de 2006: presentación ante los medios de Educación para la Ciudadanía: los padres elegimos. Guía de la Objeción de Conciencia. 26 de noviembre de 2008: las objeciones de conciencia a la polémica asignatura Educación para la ciudadanía son ya 50.000, detrás vendrán muchas más.

 

Entre ambas fechas, lo que ni los más optimistas podían soñar: una asombrosa movilización de padres en defensa de la libertad de educación, vertebrada tenaz y pacientemente en casi un centenar de plataformas cívicas independientes esparcidas por toda España. Miles de padres de toda condición que han decidido, sin miedo, plantar cara al poder en su pretensión totalitaria. Miles de familias que, superando nuestro crónico fatalismo y la letal llamada a la componenda y la adaptación, están demostrando día a día que merece la pena complicarse la vida para luchar por lo más valioso que tenemos: los hijos, los de todos, los de hoy y los de mañana.

 

 

Intransigencia del proyecto ideológico y cultural

 

También entre ambas fechas llegó la confirmación de que el poder no iba a ceder fácilmente. Su retórica del diálogo, la tolerancia y respeto al pluralismo, no aplica con los disidentes del pensamiento único. El poder se juega mucho con esta Educación para la Ciudadanía. Sólo así se explican su arrogancia, sus amenazas y su desprecio a los padres objetores durante todo este tiempo. Se juega la perpetuación de un modelo en el que la sociedad civil no cuenta y el poder político lo ocupa todo. Y se juega la culminación, también en la escuela, de un proyecto ideológico y cultural implacablemente dirigido a cambiar la mentalidad de los españoles en base a los “nuevos” dogmas emancipadores: el laicismo, el relativismo y la ideología de género.

 

No contaba Goliat con este inesperado y orgulloso ejército de Davides, hijo de la mejor tradición española. Como tampoco contaba con la pervivencia y el valor de unos jueces independientes y profesionales, sensibles además a lo que representan la libertad de conciencia y el derecho de los padres a la educación de sus hijos según sus propias convicciones.

 

 Los jueces, a favor de la objeción

 

La soberbia de quien cree no tener límites hizo que no entrara en sus cálculos que la totalidad de las sentencias dictadas hasta ahora por Tribunales Superiores de Justicia –Andalucía, Asturias, La Rioja, Extremadura y Navarra- hayan reconocido la existencia en nuestro sistema constitucional de la objeción de conciencia. Y que 264 fallos judiciales hayan amparado ya a padres objetores en Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura y La Rioja. Casi dos mil recursos esperan todavía pronunciamiento judicial.

  

Recuperar la libertad de educación, una tarea larga

 

Pero la batalla por la libertad de educación en España va a ser larga. Tenemos plena confianza en un pronunciamiento del Tribunal Supremo favorable al derecho de los padres; Pero si ese fallo favorable no se produjera, vamos a seguir adelante mientras haya una sola familia dispuesta a mantener la lucha por su libertad y la de sus hijos. Llegaremos al Tribunal Constitucional o al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo; donde sea necesario. Es cuestión de compromiso, tenacidad y paciencia.

 

Y cuando la batalla de Educación para la Ciudadanía se gane, vendrán otras.  Esta campaña ha ayudado a muchos a recuperar el gusto por la libertad y a entender lo que significa el poder de los sin poder. La libertad de educación tiene todavía un largo camino por recorrer en España y sólo la movilización de ciudadanos responsables y comprometidos, trabajando sistemática y organizadamente a través de iniciativas diversas y convergentes, puede hacerla posible.

 

Jaime Urcelay