Con motivo de los 20 años de Profesionales por la Ética estamos ahora repasando nuestro papel en el nacimiento, desarrollo y éxito del movimiento objetor.

Y me ha tocado recorrer los temas y los momentos, las fotos y las anécdotas y vuelven a la memoria cosas que ya casi habíamos olvidado y a las que en aquel momento no daba la importancia que tienen : las horas de estudio de los Decretos de Enseñanzas Mínimas, las madres de Bullas, la generosidad de tantos abogados, procuradores y notarios,  la plataforma de madres ocupando la calle Santa Engracia para hacerse una foto, la primera vez que salimos con motivo de la Guía para la objeción de conciencia en la tele, los seminarios de formación y las noches previas preparando y montando la documentación y las carpetas, las lágrimas de agotamiento que he visto en más de más de uno, el diseño de la imagen de la campaña «Tus hijos, tu decisión» y la cometa roja de «Haz volar la libertad de educación», el recorrido en bicicleta por Estrasburgo de los más de 40 objetores que fuimos a llevar la demanda,  las más de 1.000 conferencias dadas por toda España, las ruedas de prensa de presentación de nuevas plataformas, las reuniones de preparación de los Encuentros de objetores definiendo cada detalle –ponentes, testimonios, camisetas, plan de niños, música…-  con una ilusión y un entusiasmo desbordantes, las infinitas cajas de envío de guías y folletos, las llamadas de las madres preocupadas, el ejemplo, la tenacidad, la ilusión, el coraje y la fuerza  de tantos padres luchando por la libertad de todos, el arrojo y la santa paz de las madres delante de las cámaras  de televisión, la decisión unánime de no dar ni un paso atrás y el ejemplo de todo el equipo de Profesionales por la Ética que lo han dado todo, hasta el agotamiento físico real  durante 6 años sin buscar nunca nada para sí.

Empezamos con la edición de la Guía y su presentación en rueda de prensa teniendo muy claro que estábamos dispuestos a todo, aunque no podíamos imaginar cómo sería ese «todo». Y supimos responder. Ha sido, como dijo Jaime Urcelay en aquella rueda de prensa, «una movilización social sin precedente» y, en lo humano, una auténtica epopeya.

Y ahora que parece que la batalla va camino de terminar, lo mejor de todo es saber que esos padres, que esos compañeros de Profesionales por la Ética pueden decir «mereció la pena» y los demás les dirán «teníais razón. Gracias».

Leonor Tamayo