A principios del curso pasado presenté en el colegio de mis hijos una carta para recordarles que mi hijo no iba a entrar en la clase de EpC porque somos objetores; me dijeron que la directora tenía que hablar conmigo y en esa entrevista me explicaba que daban la asignatura conforme al ideario, que no había nada adoctrinador y que el niño debía y podía entrar en clase. Recuerdo muy bien que le expliqué que no se trataba de contenidos concretos sino de una objeción de conciencia a la asignatura en sí misma porque vulneraba el derecho de los padres a elegir la formación moral que quieren para sus hijos; que yo tenía confianza absoluta en el colegio pero que nuestra objeción iba mucho más allá del profesor y del colegio, habíamos objetado a la Educación para la Ciudadanía de la LOE con todo lo que ello implicaba y que también contábamos con que el niño suspendería, pero no iba a entrar.

Nuestro hijo estaba orgullosísimo, tanto que cuando le dieron el primer boletín y se encontró con un suficiente, le dijo inmediatamente a la profesora que se habían equivocado y que él quería su suspenso, y nos dieron al día siguiente otro boletín con su suspenso puesto.

Pues este año, con cierto regusto amargo y sensación de frustración después de conocer el nuevo Decreto de la asignatura presentado por el Partido Popular, iremos de nuevo al cole con nuestra carta y volveremos a mantener la misma conversación con la directora, repitiendo –tristemente- las mismas palabras del año pasado, y Jorge, nuestro segundo hijo, tampoco entrará en clase mientras EpC siga imponiendo a los padres y a los alumnos una moral de Estado, sea cual sea.

Son nuestros hijos, es nuestra decisión. Objetamos también a esta EpC.

Leonor Tamayo