Ya lo decían los cerdos mandamases de la clase dirigente orwelliana: “todos somos iguales, pero unos más iguales que otros”. La vocación porcina –tómese, claro está, la expresión en el sentido de la peculiar jerga de Rebelión en la granja– parece anidar no solamente en los LPB (Leires, Pepiños y Bibianas) –aunque hay quien sostiene que la auténtica vocación de esa casta es la asnal, siguiendo cierta tesis de mente de insecto (perdón, de “insecta”)  según la cual no todo individuo de la especie porcina es un puerco (léase: cerdo, cocho, puerco o similar).

Otros tantos orwellianos personajes se han ido sumando a la orgiástica fiesta del poder perpetuo. A la granja hispana en que nuestros dirigentes han convertido nuestro querido país, se han incorporado personajes nuevos, que enriquecen, en perfecta alianza de civilizaciones animales, el texto orwelliano. La vaca parece haber sido santificada al modo hindú –influencia de la multiculturalidad y la globalización, presumo-. De entre tal ganado vacuno –coaligado con el porcino y el asnal-, sobresale la gran vaca  de raza hispana-orwelliana, torpe y taciturna, con su autoridad profética y su pose sacerdotal. El vacuno ya entrado en carnes y años, sigue, a pesar de todo, rumiando y eructando contra los padres objetores que se oponen al catecismo acuático de “Educación para la ciudadanía” (mar hecha para los peces), a los que acusa de “dañinos para sus hijos” por querer protegerles frente a las sandeces intelectuales de miembros renombrados de la “inteligentzia” del régimen del “Big Pig”.

Pero a todo cerdo orwelliano le llega su sanmartín. Señores cerdos –en sentido orwelliano, claro está-: hicieron su rebelión en la granja, y ahora son más iguales que nadie (no compiten en salarios entre Vds, según parece, porque hay alfalfa suficiente para todos). Sin duda controlan la granja. Pero, ojo avizor, porque la granja está despertando y ha descubierto su atronadora desvergüenza, su ignorancia y manipulación. Su “Educación para la ciudadanía” asnal no les servirá para mantener el sistema  de igualdad “desigualitaria” mientras miles de ciudadanos decidan poner en evidencia su desmedido afán de poder y dominio. Una nueva “rebelión en la granja” les espera, esta vez con las más altas armas de la democracia: la fortaleza de los padres, la claridad de sus conciencias y su espíritu de lucha por la libertad de todos.

José Luis Bazán