imagesLa Cámara del Parlamento Europeo ha votado a favor de una Resolución en contra de la nueva Constitución de Hungría aprobada por el Parlamento húngaro el 18 de abril con una mayoría de más de dos tercios. Pero esta constitución,  que como bien decía Francisco José Contreras, es tan políticamente incorrecta que parece un milagro, ha levantado ampollas y acumulado ataques y críticas absolutamente injustificadas e improcedentes.

El pasado 8 de junio tuvo lugar un intenso debate en Estrasburgo sobre esta Constitución, tras el cual se determinó que “la Comisión no emite juicios políticos sobre las elecciones institucionales y constitucionales de los Estados Miembros (cf. Art.4 TUE). Sin embargo, las conclusiones de este debate no gustaron ni un pelo a los grupos radicales de izquierdas quienes lejos de actuar desde la tolerancia que tanto predican, consideran que sus objetivos ideológicos y políticos están por encima de cualquier otra consideración. Así, días después de este debate, tres grupos parlamentarios, ALDE, S & D y GUE/NGL, presentaban esta Moción de  Resolución que se entromete con descaro en la soberanía nacional de Hungría en contra del propio Tratado de la Unión Europea y del criterio de la Comisión.

A ninguno se nos escapa que las críticas a la Constitución de Hungría, al menos las que se han planteado en el Parlamento Europeo, responden exclusivamente a criterios ideológicos. Sólo así se explica que se acuse  la de defensa del derecho a la vida desde el momento de la concepción de conllevar “riesgo de discriminación” o se ataque con saña la definición del matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. A este respecto se ignora, además, la Opinión de la Comisión de Venencia (opinión nº 618/2011) que afirma en el párrafo 50, apoyándose en la sentencia del TEDH en el caso Schalk y Kopf vs. Austria, que puesto que no hay una definición oficial a nivel europeo en relación al matrimonio, la definición que el pueblo húngaro quiera establecer en su Constitución corresponde al Estado húngaro y a sus legisladores. Y también en relación al derecho a la vida, la comisión es clara y contundente, así en el párrafo 63 afirma apoyándose nuevamente en el TEDH que “la decisión sobre dónde establecer el criterio legal sobre el comienzo de la vida corresponde a los Estados a la luz de sus circunstancias específicas y de su propia población”.

Tristemente para todos, una vez más, los grupos radicales empapados de ideología, se han impuesto por encima del bien común y de los tratados internacionales que dieron forma a la actual Unión Europea envenenando así sus raíces y tergiversando el sentido de su propio ser.