SietePicos_feb06_4Un grupito de padres estamos fomentando en nuestros hijos el amor a la montaña; queremos que se enamoren de ella y de lo que conlleva: el esfuerzo, el compromiso, la voluntad, la constancia y el ambiente sano de un grupo de amigos con ideales y con la fortaleza human necesaria para alcanzarlos. Y esta semana he ido yo con ellos.

Queremos que  el estilo de los montañeros que ven el ascenso a la cima como imagen de sus vidas. Y en eso estamos, buscando las canciones, los juegos, los ejemplos y las formas que apoyen nuestra iniciativa.

Así que, dedicada a la tarea de la preparación de la marcha a la montaña, me he puesto a rebuscar en mi vida universitaria y de un poquito antes a ver si recordaba esas canciones y esos juegos, y me he sorprendido encontrándome a mí misma a los 20 años con una fuerza, un arrojo y un entusiasmo que no recordaba haber tenido. Me he visto dando la cara un día tras otro ante una profesora petardísima que se empeñaba en poner a caldo a la Iglesia en clase, me he visto con mi marido, de novios claro, quitando carteles ofensivos en la Facultad enfrentándonos a la marabunta de progres que se nos acercaban dispuestos a partirnos la cara, me he visto peregrinando con los pies llenos de ampollas dispuesta a no dejarme vencer hasta llegar a Santiago…en definitiva, me he visto sin miedo, y con la confianza de los niños que son capaces de todo porque saben que mamá y papá están ahí, mirándoles, y con eso les vale.

Y me ha sorprendido ver cómo me he dejado poco a poco vencer por mí misma, no sé si ahora sería capaz de dar la cara sabiendo que, literalmente, me la pueden partir, no sé si sería capaz de no mirarme tanto a mí y tener delante sólo el objetivo a alcanzar, no sé si sería capaz de actuar sin medir y sopesar cada movimiento, sin que me importe un bledo el qué dirán.

No sé si soy capaz de ser niña otra vez, pero lo intentaré porque quiero un sitio en las rodillas de Jesús.

“Si no os hacéis como niños….”. Hacia la cima siempre, sin mirar atrás ni a los lados, sin retroceder ante los obstáculos, sin miedo, hacia delante siempre.

Nuestro Padre nos mira y podemos confiar.

Leonor Tamayo