Alba 4La revista ALBA*, que presta semana a semana un inteligente servicio a la difusión de la propuesta cultural católica, dedica la portada, el editorial y un reportaje en páginas interiores de su último número a la adopción por el socialismo español del siglo XXI  -«relativista y liberticida, ayuno de dogmas propios»-  de los postulados de la masonería, que pretende imponer en las aulas.

Alba cita como pruebas de esta convergencia ideológica «las políticas activas de prohibición de la educación diferenciada, la búsqueda de un igualitarismo de tabla rasa, la negación del ideario propio de los centros concertados, la exclusión de la religión católica y de sus necesarios símbolos de la vida pública o la confección de una asignatura doctrinaria como Educación para la Ciudadanía«.

Reproducimos a continuación el texto completo del mencionado editorial, que lleva por título «El triunfo de la masonería» y ofrecemos, en formato pdf, tanto dicho editorial como el reportaje interior que, con el título «Educación para la Masonería» y centrado en los antecedentes históricos de la reciente emergencia ideológica de la masonería en España, firman los periodistas J.A. Fuster y L. Losada.

Descargar en pdf. el Editorial de ALBA «El triunfo de la masonería española» (11 al 17 de febrero de 2011).

Descargar en pdf. el artículo «Educación para la Masonería» de J.A. Fuster / L. Losada (Alba, 11 al 17 de Febrero de 2011).

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EDITORIAL

EL TRIUNFO DE LA MASONERÍA ESPAÑOLA

(Alba, 11 al 17 de Febrero de 2011)

La masonería en España ha tenido un poder limitado por el escaso número de sus adeptos –apenas un puñado salvo en los tiempos de los dos periodos republicanos, cuando presentarse como masón daba una pátina de modernidad necesaria para el negocio de la cosa pública–. Pero no sólo la escasa cantidad ha jugado en su contra. La pobre calidad de los masones patrios también ha impedido que la masonería haya triunfado en la España católica como lo que es en los países anglosajones y en Francia: el gran negocio gnóstico de tráfico de influencias. Sobre esta escasez de calidad habla a gritos la posibilidad de que el actual presidente del Gobierno y al menos media docena de sus ministros sean masones.

Sin embargo, sí que se puede hablar de un cierto éxito de la masonería cuando desde hace una década el socialismo abraza sin rubor la práctica totalidad de las propuestas masónicas sobre la promoción del laicismo (excluyente, antirreligioso y anticlerical) y sobre el control de las conciencias en las aulas, al margen del ideario de cada centro y conculcando el derecho indelegable de los padres a elegir la educación que prefieran para sus hijos.

No quiere decir lo anterior que la propuesta para la creación de una conciencia sociopolítica adaptada a los ideales socialistas (y en la que cualquier crítico es tachado de intolerante) haya nacido en el seno de una logia entre mandiles, martillos, compases, escuadras y gestos secretos de reconocimiento, sino que no ha hecho falta una reunión de masones para que el socialismo del siglo XXI, relativista y liberticida, ayuno de dogmas propios, haya adoptado como suyas las ideas masónicas y quiera imponerlas en las aulas.

Entre las pruebas de lo expuesto se pueden citar las políticas activas de prohibición de la educación diferenciada, la búsqueda de un igualitarismo de tabla rasa, la negación del ideario propio de los centros concertados, la exclusión de la religión católica y de sus necesarios símbolos de la vida pública o la confección de una asignatura doctrinaria como Educación para la Ciudadanía.

El desastre socialista que reflejan las encuestas de intención de voto es un motivo de esperanza, pero también de preocupación. Todavía queda al menos un año de talante o, lo que es lo mismo, un año para estar muy atentos a cualquier intento del Gobierno socialista de educar a nuestros hijos en ideas de mandil, escuadra y compás.