Según publica Hazteoir, diputados de Convergencia Democrática de Catalunya podrían rechazar la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, más conocida como Ley Aido (en realidad, parte del proyecto ideológico encarnado por Zapatero, lo de Aido es lo de menos). El PNV está también amagando con no apoyarla pero de momento parece que ni sí ni no ni todo lo contrario.

Algunos dirán que la cuestión del aborto no es un tema político. Eso ya lo hemos dicho en otras ocasiones en este mismo blog pero la realidad es que en este momento la ampliación de la legislación sobre el aborto depende, a corto plazo, de los votos parlamentarios. Y si a la multitudinaria manifestación del 17 de octubre sumamos los mensajes electrónicos dirigidos a los partidos minoritarios, la aprobación de la ley se puede parar. El Congreso es depositario de la soberanía nacional y se renueva cada cuatro años pero eso no es obstáculo para que los ciudadanos sean más participativos y le hagan llegar su opinión a los diputados con intención de que cambien su voto.

La ley, además, tiene un efecto pedagógico. Por tanto, si se aprueba la reforma del aborto, además de incrementarse el número de infanticidios (en estado prenatal) aumentará la aceptación social del aborto. Porque lo que es legal es moralmente bueno, en opinión de nuestros políticos (los del Gobierno y los de la oposición) y eso se trasladará a la conciencia social, a la opinión pública y a la educación, que por cierto ocupa un amplío capítulo en la Ley de Salud Sexual y Reproductiva.

¿Es incompatible la movilización ciudadana a favor del aborto y el día a día de la asistencia a la mujer embarazada con dificultades? ¿Debe renunciarse a una en favor de la otra? Las dos son importantes y se complementan porque no son vías excluyentes; enfrentarlas no tiene ningún sentido (o lo tiene para el que obedece a otros intereses). Naturalmente, la asistencia concreta a cada persona es esencial en si misma y como pedagogía de una verdadera cultura de la vida. Pero como se deduce de las declaraciones de Mayor Oreja de hace aproximadamente una semana, los políticos necesitan sentir la presión ciudadana para reaccionar; si no, se enredan en sus batallitas o se creen que sólo la economía importa y no hacen caso al votante hasta la campaña electoral.

Teresa García-Noblejas