Se cumplen ahora seis meses del nombramiento de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno y, mientras termina de perfilarse en los próximos días la forma en la que España pedirá a Europa la intervención financiera, la gravedad del momento invita a una reflexión seria sobre las responsabilidades del actual Gobierno de la Nación. Ricardo Benjumea, redactor jefe del semanario Alfa y Omega, ha propuesto de forma clara y sintética, bajo el título Tareas para el Gobierno de un país rescatado, las siguientes claves fundamentales:

La economía, lo que de verdad importa a los españoles, queda definitivamente en manos de la Unión Europea. El Gobierno puede culpar a Bruselas de los nuevos ajustes, aunque eso equivaldría a reconocer su fracaso en política económica, aquella que el PP convirtió en eje absoluto de su acción de Gobierno. Así que Rajoy tendrá que fingir que recorta porque quiere, porque debe, por convicción…, no porque se lo manden.

¿O quizá sí tenga, en realidad, amplio margen de maniobra? El IVA habrá que subirlo, sí o sí, pero Dios está en los pucheros; todo es economía en este mundo. Es economía y es política; y, sobre todo, ética. ¿No es economía poner freno a que las grandes víctimas de la crisis sean precisamente quienes ya padecieron la fiebre especulativa inmobiliaria? Ahí hay tarea para un Gobierno. ¿Y las Cajas que vamos a tener que reflotar con nuestros impuestos? Si no hay que pagar… Pero ¿quién pone coto al desmadre autonómico, que ha permitido a los partidos meter las manos en todo? ¿Y para cuándo la independencia del poder judicial? ¿Y el acatamiento de leyes y sentencias?

Hay tarea y herramientas para un Gobierno decidido a erradicar la cultura del pelotazo y fomentar la responsabilidad, la generosidad, la cultura del esfuerzo… El fin de las ayudas y las desgravaciones a la vivienda nos las va a dictar Bruselas, pero quedan medidas de mucho mayor envergadura: enseñanza de calidad y, sobre todo, familia, mucha familia. Y la familia necesita trabajo digno, conciliación, respeto del domingo, reconocimiento del derecho de los padres a elegir la formación moral que quieren para sus hijos…

Una economía robusta necesita, además, una sociedad fuerte, con familias sólidas, pero también con normas racionales y claras que articulen la convivencia. Y esto sólo es posible desde el respeto absoluto a los derechos más básicos, comenzando por el derecho incondicional a la vida. A partir de esas premisas, se construye una sociedad civil fuerte, capaz de canalizar la creatividad y los buenos impulsos de las personas, al servicio del bien común.

(Alfa y Omega, nº 790, 14/06/2012)

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