No puede irse una fuera de Madrid sin que pasen cosas relevantes. A la semana de las elecciones europeas nos encontramos con la abdicación nada menos que del rey, en una convulsión que pone a prueba, como dirían los redichos, la fortaleza o fragilidad de nuestras instituciones.

Así que tres palabras para analizar lo que está sucediendo. Soy consciente de que no tiene sentido desgranar ahora los resultados de las elecciones europeas. Pero si recordar que marcan una tendencia irreversible: la necesidad de regenerar el sistema con medidas reales en las instituciones, incluidos partidos políticos, pero también otras muchas que están lejos de servir a la sociedad y al fin para el que fueron creados. El ejemplo paradigmático son los sindicatos mayoritarios pero no me dejen atrás los colegios profesionales o múltiples asociaciones subvencionadas que absorben recursos  y, con honrosas excepciones, no parecen ser útiles para sus miembros.

En definitiva, las elecciones europeas han venido a demostrar lo que decíamos, disculpen la autocita, en noviembre de 2011: hace falta una nueva generación de políticos y también de ciudadanos.

Benedicto XVI decía a los asistentes a la Semana Social Italiana que hace falta una nueva generación de católicos, personas interiormente renovadas que se comprometan en la actividad política sin complejos de inferioridad. Uno de los análisis de las elecciones europeas demuestra que en España el voto católico no existe por mucho que haya católicos en la sociedad e incluso en la política.

Ciertamente, las opciones católicas para las elecciones son legítimas pero en una sociedad como la española, de mentalidad estatalista y con poca cultura participativa, no tiene éxito a pesar del enorme esfuerzo realizado. Por otro lado, resulta evidente que el episcopado español hace mucho que decidió que no piensa avalar oficialmente ninguna opción partitocrática, postura que invita necesariamente al ciudadano católico a tomar la iniciativa con libertad y plena coherencia con la autonomía de lo temporal.

Volviendo pues a Benedicto XVI, hace falta una generación de políticos y de ciudadanos comprometidos con el bien común y no con su interés particular o de grupo. Y sobre todo, competentes. Si además son católicos, miel sobre hojuelas.

Y si no hay católicos en política preguntémonos por qué no los hay. Porque universidades católicas o vinculadas a instituciones eclesiásticas, hay unas pocas en España. No digamos colegios católicos de titularidad confesional o de instituciones relacionadas con la Iglesia. Pero a muchos, incluidos algunos políticos profesionales, no les interesa nada que haya otros políticos de Misa diaria que no sean ellos.

Se abre, pues, un nuevo tiempo para España. Apasionante, con sus retos y sus riesgos. Urge, más que nunca, gestar nuevas generaciones de personas comprometidas con la sociedad y con el bien común, la dignidad de la persona y los derechos y libertades fundamentales. Y eso se conseguirá si participamos con verdadero afán de servicio en los asuntos públicos, con formación, con capacitación, con audacia y coraje. Y sin hipotecas. Pero también obteniendo frutos pese a quien pese. Leí el otro día un fragmento de un discurso del actor Denzel Washington en Religión en Libertad que me parece muy oportuno. Se dirigía a jóvenes actores y les decía esto:

Entended esto también: los sueños, sin objetivos, se quedan en sueños, sólo en sueños, y terminan alimentando la desilusión. Lo sueños, sin objetivos (anuales, mensuales, diarios, minuto a minuto), se quedan en sueños y al final alimentan el desencanto. Los objetivos, en el camino hacia su cumplimiento, no pueden ser alcanzados sin disciplina y sin constancia. ¿Habéis comprendido? Entre los objetivos y su cumplimiento están la disciplina y la constancia.

Ese es el reto: trabajar por una sociedad y una España mejor.

Teresa García-Noblejas

PD: Leo y oigo muchas críticas a Podemos en los medios de derechas de toda la vida pero además de desacreditarle como perroflauta convendría hacer un análisis serio de cómo han pasado del 15 M a obtener representación electoral para las europeas. Un logro que, al margen de discrepancias ideológicas, no ha logrado ninguna otra formación y que bien merece un análisis.