Hace unos días nuestra web de Profesionales por la Ética publicó, al hilo de la actualidad española, unas breves reflexiones bajo el título “No habrá regeneración política sin regeneración moral”. No había en ellas nada especialmente novedoso, pero sí un intento de recordar, con dos citas de los últimos papas, algunos requisitos básicos para que «nuestro sistema no se convierta en un totalitarismo encubierto y el Estado en una gran banda de bandidos». El artículo, a juzgar por el importante número de visitas que ha registrado, ha debido de dar en el clavo, aunque el mérito sea más bien de Juan Pablo II y Benedicto XVI…

Compromiso personal, educación y medios de comunicación

No es poco un buen diagnóstico pero está claro que el desafío está en acertar con el «cómo» y, por supuesto, en ponerse manos a la obra. Y hacerlo, además, de manera coherente, sistemática e inteligente.

Pensando en ello, inevitablemente vienen a la cabeza tres líneas imprescindibles, aunque haya otras muchas: el compromiso personal con el entorno más cercano; la educación; y los medios de comunicación social. No son tres ámbitos precisamente fáciles. Para colmo, el deseable «consenso» para abordarlos se presenta muy complejo dada la profundidad de la gangrena relativista. Lo que en absoluto puede ser una excusa para no arrancar cuanto antes.

La formación humanística, un paso que debiera ser más fácil

Andaba yo dándole vueltas a este tema cuando ha caído en mis manos la entrevista que el diario La Razón dedica a David Hernández de la Fuente con motivo de la publicación de su «Breve historia de Bizancio». Me parece que este joven historiador acierta al señalar uno de los caminos para la regeneración moral, en el que no debiera ser tan difícil el «acuerdo»: la recuperación de la formación humanística.

Comparto con ustedes lo que, con gran sentido común, dice Hernández:

(…)

– ¿Las humanidades están asediadas, como Constantinopla?

-Definitivamente. Hay un acoso y derribo. Y los enemigos son múltiples. Con cada gobierno, un nuevo varapalo; con cada iniciativa, se ve que prefieren otras cosas. La gente quiere fomentar los estudios económicos, empresariales… Pero sin una formación humanística no existe un verdadero avance social. Y eso lo han visto los países más avanzados. La historia es un I+D que nos ayuda para conocernos mejor.

-¿Cuáles son esos enemigos?

-El excesivo énfasis en lo que es productivo a corto plazo, lo que da resultados inmediatos. Las humanidades suponen invertir en valores para lograr una sociedad más justa, pero eso se nota a largo plazo.

-¿Nada más?

-La superespecialización. Es una tendencia. Y va contra la cultura humanística. La mercantilización y la superespecialización son enemigos terribles. Pero habría que añadir el bajón que existe en la educación secundaria. Se han cargado las humanidades. En los últimos 20 años ha habido una demolición de ellas en el bachillerato por criterios económicos.

-¿Algún otro?

El énfasis en lo audiovisual ha ido en contra de la lectura. El internet. Una paradoja. Ahora el estudiante tiene más información y lee menos que nunca. Hay que remediarlo.

Por la transcripción,

Jaime Urcelay

http://jaimeurcelay.me/