Como es sabido, Profesionales por la Ética ha realizado y difundido un análisis elaborado por el Área de Medicina que coordina la que suscribe este artículo. Quiero dejar claro dos cosas:

  • La meta es el aborto cero. Cualquier legislación que regule el aborto es mala.
  •  Desde la premisa anterior, es legítimo que intentemos que la legislación sea lo menos mala posible. Como recordaba Juan Pablo II en la Evangelium Vitae:

 cuando no sea posible evitar o abrogar completamente una ley abortista, un parlamentario, cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública. En efecto, obrando de este modo no se presta una colaboración ilícita a una ley injusta; antes bien se realiza un intento legítimo y obligado de limitar sus aspectos inicuos.

Profesionales por la Ética no apoya la reforma de la ley del aborto propuesta por Gallardón. Más bien indicamos los cambios que es imprescindible realizar. Concretamente, las líneas rojas son:

  • Derivar todas las mujeres desde los centros de Atención Primaria a un Centro coordinador de Apoyo y Ayuda a la mujer.
  •  Evitar que el supuesto de salud psíquica se convierta en un coladero. Para ello, los especialistas que certifiquen ese supuesto deben pertenecer al Sistema Público de Salud para garantizar su desvinculación con la industria del aborto. Además, previamente al examen de los especialistas, la mujer debe recibir atención  para resolver los conflictos existentes en el Centro de Apoyo y Ayuda a  la Mujer.
  •  Llevar a cabo inspecciones estrictas de las clínicas abortistas para evitar fraudes y trampas.
  •  Supresión de la educación afectivo-sexual dependiente de las Administraciones.

Sin esos cambios, Profesionales por la Ética no apoyaría la reforma del aborto, pues sería una farsa disfrazada. Lo que no quita para que animemos al Gobierno y a Gallardón a derogar la ley Aido y a dar pasos en una dirección mejor cuyas líneas rojas ya hemos trazado.

Y junto a los cambios legislativos, la sensibilización social de respeto a la nueva vida, que es el caldo de cultivo hacia el aborto cero. Y sobre todo, el cambio de mentalidad, que los creyentes llamamos conversión del corazón. 

María Alonso