El renglón torcido se llama Josie Cunningham. Al parecer es un conocido personaje de la farándula británica y de los programas del corazón. Hace unos días, su fama atravesó los mares y, al resto del mundo, nos llegó de su existencia a través de unas declaraciones que nos dejaron helados: para poder participar en un reality show del tipo «gran hermano» pensaba deshacerse de su embarazo de 18 semanas abortando al molesto ser que podía dificultar su viaje a ese lugar incierto, entre la fama y el ridículo, en el que, en mi opinión, vagan transitan y vegetan los participantes de tan extraños concursos.

Su caso era el paradigma de la banalización de la vida humana, el ejemplo perfecto del punto moral en el que nos encontramos.

En castizo, era para darle palos a la moza «hasta en el cielo de la boca»… metafóricamente hablando.

En el estupor general, algunos grupos organizaron rezos por el bebé de esa chica víctima y verdugo, otros lo adoptaron espiritualmente, Muchos le mandaron fotos de fetos de 18 semanas, abortados y vivos. Los grupos abortistas le aplaudieron y apoyaron, e incluso iniciaron un boicot contra el canal del reality show.

Nunca sabremos en qué proporción obraron los rezos, los padres y madres espirituales, las fotos, el sentido común de la madre, las patadas que el propio bebé le dio para avisarle de que estaba allí…el caso es que Josie ha decidido que no aborta, que no es capaz de cometer esa atrocidad, que no sabía lo que significaba abortar, que el sentir a su bebé le hizo ver su error…

Es probable que lo único que buscara fuese la notoriedad, el que se hablara de ella, aunque fuera mal, y que, en el fondo, no pensara hacerlo. Lo que seguro que jamás se propuso es abrir en Gran Bretaña un debate que parecía saldado y proporcionar a la causa de la vida uno de los momentos más favorables para el vuelco del sentir social.

La visión del desprecio por la vida humana, la cruel evidencia de que las causas reales de un aborto, en muchos casos, son tan banales como participar en un programa y «poder mostrarse desnuda, sin tripa» y las declaraciones de la moza diciendo que no aborta porque no sabía lo que era un aborto «en realidad», son esos textos rectos que Alguien parece escribir con renglones torcidos.

Solo falta, como rúbrica, que los provida británicos sepan aprovecharlo. Amén.

Alicia V. Rubio Calle