Como voz en el desierto, los colectivos de víctimas del terrorismo y muy pocos comunicadores vienen denunciando la escasa firmeza, cuando no indicios de conversaciones, del actual Gobierno en relación con ETA y su entorno.

Reconozco que no estoy siguiendo el día a día de esta cuestión, más allá de leer deprisa los mensajes y titulares que me llegan. Pero mira por donde, me ha llamado la atención que el barómetro del CIS haya preguntado por primera vez a los ciudadanos españoles por una posible negociación del Gobierno con ETA en el sondeo de mayo. Por cierto, que únicamente un 0,1 de los encuestados incluyen este tema entre sus preocupaciones.

El hecho de que ETA no esté atentando ni matando ha provocado la ausencia del terrorismo de la vida cotidiana de los españoles. Pero no olvidemos que, como sucede con numerosas enfermedades, los síntomas no siempre acompañan a la gravedad de la dolencia. Y cuando uno quiere darse cuenta, está invadido por un cáncer o le da un ictus. Pero el mal venía de atrás y estaba allí,  más o menos aletargada.

La realidad es que, aunque ETA no esté llevando a cabo atentados, se encuentra presente en las instituciones y desafía constantemente a las personas de bien, entre las que se encuentran, por derecho propio, las víctimas del terrorismo. En realidad, nos desafía a todos. En este sentido, recomiendo vivamente el artículo de Cayetano González Rajoy y el proceso con ETA; en síntesis, el problema no son solo la chulería de asesinos como Bolinaga y Lasarte,  los actos de apología del terrorismo, con financiación internacional incluida, el Informe del Gobierno vasco que equipara a víctimas y verdugos.

¿Cuál es la postura de Rajoy? La tesis de Cayetano González es que el actual presidente de Gobierno mira para otro lado y no hace nada. Pero que hay proceso proactivo de conversaciones o negociaciones, parece evidente. Y dada la afición de don Mariano a reunirse en secreto con unos y con otros, es para preocuparse.

Pero la bestia solo duerme aparentemente. Y no se trata de calmarla o ignorarla sino de cercarla y acabar con ella por todos los frentes posibles. Y la verdad, no veo al Gobierno ni dispuesto ni firme ni aguerrido. Vamos, que no es San Jorge frente al dragón precisamente.

Teresa García-Noblejas