Diccionario Biográfico Español 3«¿Avanza la deriva ideológica totalitaria?«. Con este interrogante inicia Rafael Rodríguez Ponga, Secretario de Participación Social del Partido Popular, una certera reflexión sobre la campaña desatada en medios afines al actual Gobierno por la aparición del Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia.

Produce, en efecto, preocupación comprobar hasta dónde puede llegar el asfixiante intento de que también la Historia responda a los dictados de la ideología del Poder y hasta dónde alcanzan los ataques y las descalificaciones hacia aquellos que osan apartarse de las consignas.

Tal y como afirma Rodríguez Ponga, lo que sobrecoge en este momento «es que los críticos del Diccionario están poniendo  en duda la libertad de investigación, la libertad de cátedra, la libertad de expresión, la libertad de opinión. Nada menos«.

Publicamos a continuación el texto completo de las mencionadas reflexiones.

Leer también el artículo de Juan Manuel de Prada «Lo escrito, escrito está» (ABC, 04/06/2011).

Leer en La Razón «Entrevista a Gonzalo Anes, Director de la Real Academia de la Historia. Los inquisidores siguen existiendo» (04/06/2011).

ESCRIBIR LA HISTORIA

Rafael Rodríguez Ponga

Secretario de Participación Social del Partido Popular

(Blogosfera PP, 03/05/2011)

¿Avanza la deriva ideológica totalitaria? ¿En España? Me produce una inmensa preocupación comprobar que haya tanta gente que defienda que sólo se puede escribir y opinar lo que al Partido del Poder le parezca bien, lo que al Poder le guste. Si usted no escribe con el matiz que le gusta al Poder, si no pone el sustantivo o el adjetivo que el Poder exige, será descalificado y atacado. Le pueden pedir que devuelva el dinero, porque pareciera que el dinero público no se da al público en general, sino sólo a los que ponen el sustantivo o el adjetivo que le gusta al Partido del Poder.  El dinero no se da para que investiguen los investigadores. Ni para que usted sea libre. Se da para que usted haga lo que diga el Poder.

Esos razonamientos parecen estar detrás de toda la polémica creada por el Diccionario Biográfico, una obra fabulosa de la que todos tenemos que estar muy orgullosos, llevada a cabo -nada menos- por la Real Academia de la Historia. Pero, ¡toma ya!, en esta España de las libertades, ahora algunos exigen a los historiadores que escriban según la ideología del Gobierno de turno. Por eso, El País (31 mayo 2011) hablaba en su portada de «ausencia de rigor científico», «un claro sesgo ideológico» y «biografías carentes de objetividad histórica». Tuve que leerlo, con detenimiento, varias veces, para asegurarme de que, en efecto, esas expresiones se han vertido sobre algo o alguien por no coincidir con una ideología, por dar una opinión libre o por escribir lo que ha investigado. Y han seguido día tras día.

No entro a valorar la adecuación, idoneidad, precisión u oportunidad de tal o cual biografía que la prensa ha aireado. No soy historiador ni biógrafo de nadie. Creo que cada uno puede poner con su firma los resultados de su investigación, de la que se hace responsable. Lo que me sobrecoge en este momento es que los críticos del Diccionario están poniendo  en duda la libertad de investigación, la libertad de cátedra, la libertad de expresión, la libertad de opinión. Nada menos.

¿El problema es que se ha pagado con dinero público? ¿Y qué? El dinero público es para todos, ¿no?, no sólo para los que tengan una determinada opinión o respondan a una única forma de pensamiento… ¿O es que el dinero público exige «obediencia al Gobierno»? ¿Acaso el dinero público sólo puede ir a determinados historiadores que defienden «nuestra cultura»?  Da la impresión de que algunos siguen pensando que la Historia en particular y la Cultura en general, sólo es válida (¡»científica»!) si se  desenvuelve en el coto cerrado de la izquierda más cerrada.

Tras leer las informaciones  opiniones sobre el Diccionario Biográfico, he recordado algunas ideas que leí hace tiempo. Porque me ha parecido que quienes han bramado estos días tienen en su sustrato intelectual unos planteamientos tales como  «Luchamos por nuestra cultura», «Obediencia al Gobierno legítimo», «Mando único» y «Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Español», lemas todos ellos que hoy he releído, en un libro verdaderamente interesante. Aparecen junto a otros aún más suculentos como «Proletarios de todos los países, uníos» y «Lenin, nuestro gran maestro». ¿Dónde? En la Cartilla Escolar Antifascista de 1937. Lo que pasa es que estamos en 2011.

http://www.pp.es/blogosfera/rafaelrodriguezponga/escribir-historia_626.html