Hace un par de meses una plataforma ciudadana puso en marcha una campaña con el provocador título Salvemos la mezquita de Córdoba. Se trataba de alertar a la ciudadanía sobre la supuesta apropiación de la antigua mezquita de Córdoba, hoy catedral, por parte de la Iglesia católica. Y de pedir firmas para que la Junta de Andalucía la expropie y la convierta en centro multicultural de titularidad pública. La información esencial la explican ellos mismos en

http://www.change.org/es/peticiones/salvemos-la-mezquita-de-c%C3%B3rdoba-por-una-mezquita-catedral-de-todos

La cuestión de la titularidad de los bienes de la Iglesia es una vieja reivindicación laicista. Como reflejó el Informe 2013 del Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (que puede descargarse aquí), la cuestión de los bienes eclesiásticos y su inscripción, titularidad, gestión es una cantinela que agitan permanentemente algunos diputados y senadores, especialmente del PSOE, Izquierda Unida y sus derivadas autonómicas. Deben ser nietos de los decimonónicos desamortizadores que se lucraron con la expropiación de los bienes eclesiásticos y comunales que acogían a pobres y desvalidos y daban de comer a mucha gente.

A la petición de la plataforma ciudadana Change reaccionó enseguida la Junta de Andalucía, que, en manos socialistas y andalucistas, siempre ha identificado y promovido lo andalusí, de al-Ándalus, como el paraíso medieval, progresista y abierto, por antonomasia (frente a la oscura España cristiana, cerrada, inculta e intolerante, por supuesto). Ejemplos de la pasión andalusí de la comunidad autónoma andaluza lo tenemos por ejemplo en El legado andalusí, una fundación de la Junta de Andalucía, para mitificar el pasado musulmán de esa tierra. Lo tienen aquí. Naturalmente, la Junta de Andalucía describe la catedral de Córdoba como mequita-catedral. Pueden verlo en este enlace.

En el contexto de la campaña para expropiar a la Iglesia la catedral nos encontramos a la UNESCO, que en nombre de la Humanidad y su patrimonio, se suma a las peticiones de despojar al templo de su titularidad eclesiástica. Lo pueden leer aquí. Y es que la UNESCO, además de llevar a cabo una indiscutible labor cultural, ha defendido siempre la diversidad cultural, que en realidad es un multiculturalismo relativista en el que el cristianismo es prácticamente una reliquia que debe ser sustituida por cualquier otra cosa, preferentemente una religión laica en la que la Humanidad sea adorada.

La Iglesia, representada por la diócesis de Córdoba, que tiene la titularidad y custodia y mantiene la catedral desde 1236, simplemente recuerda la historia y pide respeto a la verdad. Porque los hay que prácticamente empuñan las armas en defensa de una mezquita que los curas han arrebatado al pueblo por la fuerza. Como el pacifista Mayor Zaragoza, que se vuelve guerrero cuando se trata de atizar a la Iglesia. (Ya le salió el pelo de la dehesa en su encendida defensa de Educación para la Ciudadanía, la religión laicista obligatoria impuesta por Zapatero).

Y en esta batalla, ayer el ministro Gallardón (que va a resultar ser el único ministro con convicciones claras del Gobierno) no tuvo complejos en defender en el Senado la titularidad eclesiástica de la catedral de Córdoba. Desde el punto de vista de la ciudadanía, Hazteoir (siempre en primera línea) se ha movilizado y conseguido que la sociedad lo haga. El mensaje es claro: No a la expropiación de la catedral.

Aquí no nos jugamos la titularidad jurídica de un edificio. No seamos ingenuos. El pretexto de lo público (que no sé por qué tiene que ser siempre laicista y de izquierdas), el supuesto respeto al islam  y el diálogo de civilizaciones, cuyo emblema es el mito de al-Ándalus, tienen un fin diáfano: eliminar a la Iglesia y a los católicos del espacio público, reducirlos a las sacristías o, mejor a las catacumbas. Porque estorban, porque se oponen a los proyectos totalitarios. Porque no ceden y llaman al pan, pan, y al vino, vino..

Teresa García-Noblejas