Como tantas otras veces en el pasado reciente y en el no tan reciente de los años 20 y 30 del pasado siglo, las izquierdas siguen tendiendo la misma trampa.

El Partido Socialista Obrero Español, y espoleado también por UPyD y el PNV, tratan de manipular la cuestión del aborto y convertirla en una cuestión de intrusismo de la Iglesia en la legítima autonomía del Estado. Amenazando a los obispos para que «suavicen» y «templen gaitas», por no decir «templen a sus laicos».

En sus declaraciones del pasado martes, la vicesecretaria general del PSOE, Elena Valenciano, amenaza a la Iglesia con denunciar los acuerdos Iglesia-Estado español si se modifica la actual regulación del aborto, un auténtico coladero para el exterminio de los más débiles. Con una coincidencia-concertación temporal que llama la atención, los representantes del PNV, Aitor Esteban, y de UPyD, Rosa Díez, piden al gobierno que no se deje influir por la Iglesia en esta función.

La defensa del PP, por otra parte, tampoco deja demasiado bien su altura moral e intelectual. Alfonso Alonso, portavoz del PP en el Congreso, dice que la reforma del PP «quizás no guste mucho a los obispos». Entra al juego.

Frente al bochornoso espectáculo de manipulación, se me ocurren las siguientes cuestiones:

  • ¿Sólo la izquierda y sus comparsas como el PNV – único partido que, hasta hace poco, se confesaba cristiano, por cierto- puede legislar en materia de aborto?
  •  ¿Los ciudadanos que estamos en contra del aborto, desde planteamientos religiosos o no, no tenemos derecho a opinar, y si tenemos la oportunidad, a influir en una legislación conforme a lo que entendemos por bien común?
  •  ¿Es mínimamente aceptable en un país democrático que partidos con representación parlamentaria subviertan la verdad, eludan el debate en una cuestión tan trascendental y amenacen a instituciones como la Iglesia católica para confundir la cuestión?

Fabián Fernández de Alarcón