“Hombres y mujeres somos biológicamente distintos”. Esta es la evidencia básica que, desde su experiencia como profesora de educación física en un instituto madrileño, movió a Alicia V. Rubio a escribir “Cuando nos prohibieron ser mujeres… y a vosotros os persiguieron por ser hombres”. Un libro exhaustivamente documentado que se ha atrevido a desafiar las mentiras y la intransigencia de la ideología de género.

Así lo destacó la autora durante la presentación del libro que ayer tuvo lugar en el Centro de Congresos “Cortes de la Real Isla de León”, en San Fernando (Cádiz), y en el que estuvo acompañada de Miguel Gómez de Agüero, Vicepresidente de Profesionales por la Ética. El acto estaba organizado por HazteOir.org en el marco de los “Encuentros por la Vida, la Familia y la Libertad” y fue seguido por un nutrido público con el que la autora mantuvo un animado coloquio.

Pedro Mejías, delegado de HazteOir.org, presentó a Alicia V. Rubio y a Miguel Gómez de Agüero como “dos mosqueteros que empezaron batallando como padres objetores a Educación para la Ciudadanía”.

Alicia V. Rubio explicó los orígenes del libro y los motivos que le llevaron a escribirlo, estableciendo un paralelismo entre las manipulaciones que está provocando el actual aluvión de leyes autonómicas LGTB y las técnicas utilizadas también, con un propósito ideológico, con la llamada “violencia de género”. “Es terrible -afirmó- que haya violencia doméstica, pero se invierten millones de euros y la violencia no baja”. Asimismo subrayó que “hay un gran negocio alrededor de la ideología de género, financiado en alguna medida por la ONU”.

Por su parte, el Vicepresidente de Profesionales por la Ética fue contundente al destacar que “nos oponemos a toda discriminación, pero a la vez nos rebelamos contra una ideología de género que pretende imponerse a toda la humanidad”. Pidió, además, “que las ideas se pongan encima de la mesa. Como padre quiero saber qué educación se le va a dar a mis hijos para decidir a qué talleres y actividades va a ir”. Gómez de Agüero volvería a insistir en la misma idea durante el coloquio: “a los padres corresponde la titularidad del derecho a educar en valores a sus hijos”.