El décimo aniversario de la introducción de la píldora del día después (PDD) en España representa todo un símbolo de hasta qué punto la sociedad actual ha dado la espalda a la responsabilidad:

  •  Porque la PDD representa la irresponsabilidad de quienes trivializan su sexualidad hasta desvincularla de cualquier dimensión que no sea el placer momentáneo, aun a costa de las consecuencias abortivas o para la salud que el consumo de la PPD pueda tener.
  •  Irresponsabilidad también de muchos padres y educadores que han renunciado de plano a transmitir a los jóvenes el sentido verdadero del amor y de la donación corporal al otro o, aún más simplemente, que la vida no consiste solamente en una continua e ilimitada satisfacción del deseo.
  •  Irresponsabilidad de unas autoridades sanitarias (las del Gobierno Aznar que la introdujo y las del Gobierno Zapatero, que decidió dispensarla sin receta ni límite de edad) para las que la ideología se debe imponer a la realidad, al bien de las personas concretas y a la más elemental prudencia en la protección de la salud pública.
  •  Irresponsabilidad de muchos profesionales del mundo de la farmacia y la medicina que, ante la introducción de la dispensación libre de la PDD, han preferido mirar para otro lado, evitando complicarse la vida, aun a sabiendas de que es una medida que colisiona claramente con la buena praxis profesional.
  •  Irresponsabilidad, al fin, de las actuales autoridades sanitarias  –las del Gobierno Rajoy–  que después de más de un año en el poder han demostrado una completa inoperancia y tibieza para solucionar un problema real de la sociedad española, cuyas consecuencias, en términos culturales y sanitarios, son incalculables.

Jaime Urcelay