Como hemos difundido en nuestra web, el Parlamento Europeo ha restablecido el Intergrupo del Parlamento Europeo sobre Envejecimiento activo, solidaridad intergeneracional y políticas familiares. Este restablecimiento ha sido posible gracias a la petición realizada por las Asociaciones de Familias Católicas Europeas (FAFCE), a la que se adhirió Profesionales por la Ética y dirigida a los eurodiputados. En la carta que dirigimos a los parlamentarios europeos solicitábamos el restablecimiento de ese intergrupo como espacio para promover las políticas con perspectiva de familia.

Se trata de una decisión muy positiva, entre otras cosas porque la supresión del Intergrupo hubiera representado una regresión en lo que al desarrollo de políticas familiares en la UE se refiere. Nosotros participamos en la campaña desplegada por diversas organizaciones de la sociedad civil, encabezadas por la FAFCE, para que los nuevos eurodiputados apoyaran este restablecimiento como un primer paso para un compromiso real con la familia en Europa. Ha sido una satisfacción comprobar que el objetivo se ha conseguido. Ahora tenemos que seguir avanzando hasta conseguir que la familia tenga la centralidad que le corresponde en el desarrollo humano y comunitario, también en el nivel de las políticas públicas de la UE y de sus Estados miembro.

El Intergrupo implica de alguna forma una confirmación de que la familia, el envejecimiento activo y la solidaridad intergeneracional están en la agenda del Parlamento Europeo. Además, y pese a las limitación que supone que los Intergrupos constituyan solo una vía informal de trabajo en la estructura de la cámara europea, con status “no oficial”, creemos que precisamente esa informalidad puede propiciar un marco de mayor realismo y menores condicionamientos ideológicos y partitocráticos a la hora de abordar el diálogo sobre la familia y sus necesidades. Nuestro continente no puede aplazar por más tiempo su apoyo a la institución social básica por la que pasa la solución de la mayor parte de las prioridades de los ciudadanos europeos.

Los intergrupos tienen, por su misma dinámica, una gran permeabilidad en su relación con la sociedad civil. En este sentido representan una oportunidad para avanzar en la subsidiariedad y la participación, dos de los grandes retos de la UE. Que esa influencia real en la opinión pública finalmente se de  -por supuesto, en ambas direcciones-  va a depender, por un lado, de que los parlamentarios asuman de verdad su misión de servicio a quienes les han elegido y, de otro lado, de que la propia sociedad civil se organice y participe activamente en la construcción de su destino. Los intergrupos no son la panacea, pero sí son una herramienta útil.

Jaime Urcelay

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