Por iniciativa de Profesionales por la Ética, cerca de 3 000 personas han escrito a la ministra de Sanidad, Leire Pajín, para exigirle que respete y garantice el derecho fundamental a la objeción de conciencia frente al aborto y la eutanasia de forma clara y sin matices y sin obstaculizarlo en modo alguno. La petición se fundamenta en la Resolución 1763 del Derecho a la objeción de conciencia en la atención médica aprobada en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa en 2010, en la que se dice que “ninguna persona, hospital o institución será coaccionada, considerada civilmente responsable o discriminada debido a su rechazo a realizar, autorizar, participar o asistir en la práctica de un aborto, la realización de un aborto involuntario o de emergencia, eutanasia o cualquier otro acto que pueda causar la muerte de un feto humano o un embrión, por cualquier razón”. Además, la Resolución recuerda a los Estados miembros del Consejo de Europa (entre los que se encuentra España) que deben desarrollar marcos legales claros y completos que protejan tanto el derecho a la salud como la libertad ideológica y de conciencia de los profesionales sanitarios.

Esta responsabilidad civil de recurrir, aún los riesgos laborales que esto pueda suponer, a la objeción de conciencia, responde a la sabia orientación que la Iglesia siempre ha promovido para que, como dice el Concilio Vaticano II, “los fieles aprendan a distinguir cuidadosamente entre los derechos y deberes que tienen como miembros de la Iglesia y los que les corresponden como miembros de la sociedad humana” y “se esfuercen por integrarlos en buena armonía, recordando que en cualquier cuestión temporal han de guiarse por la conciencia cristiana, pues ninguna actividad humana, ni siquiera en los asuntos temporales, puede sustraerse a la soberanía de Dios” (Lumen gentium, 36).

Como dice Benedicto XVI, para tal discernimiento es necesario “hablar de los criterios morales que conciernen a estos temas con profesionales, médicos y juristas”, como ayuda “para elaborar un juicio competente de conciencia y, si fuera el caso, también una valiente objeción de conciencia”.

El “gigante dormido” que es un catolicismo español convertido en “sociedad civil”, que actuase responsablemente en la vida pública, empezando por la cotidiana vida profesional, esta despertando. Y no va a entablar ninguna cruzada contra nadie, sólo va a hacer lo que ya hizo en la Transición, salvar la democracia, empezando porque ésta respete la vida y la dignidad humana.

Manuel María Bru

Artículo publicado en el blog Dios es provedente.

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