Hace unos días se publicó en Alemania Crímenes, escrito por el prestigioso abogado Ferdinand von Schirach. Nieto de Bladur von Schirach, que fue condenado a 20 años de cárcel en los procesos de Nüremberg por los que el Tribunal Militar Internacional juzgó y condenó a los responsables de la barbarie nacionalsocialista, el autor cuestiona si se puede castigar algo a posteriori, algo que en el régimen caído nunca había estado prohibido.

Me limitaba a cumplir órdenes, afirmó en su defensa Joachim von Ribbentrop, ministro de Exteriores de Hitler, ante el tribunal que le acabó condenando a muerte. La cuestión no es en absoluto baladí: ¿En virtud de qué derecho puede juzgarse y condenarse a alguien, incluso a la muerte? ¿En qué artículo de la legislación penal o militar alemana, o en qué legislación del mundo, se contemplaba la figura de «crímenes contra la humanidad»?

En el Real Decreto de Contenidos de Educación para la Ciudadanía en Secundaria (BOE 5 de enero de 2007), se afirma que «son comunes (a ambos cursos) el conocimiento y la reflexión sobre los derechos humanos, desde la perspectiva de su carácter histórico, favoreciendo que el alumnado valore que no están garantizados por la existencia de una Declaración, sino que es posible su ampliación o su retroceso según el contexto». Más adelante, al exponer el contenido del Bloque 3, Teorías éticas, se incluye «el análisis de las grandes líneas de reflexión ética y, particularmente, el referente ético universal que representan las diferentes formulaciones de los derechos humanos». Existen otras muchas citas similares, que tratan de establecer como referente ético supremo para nuestros hijos las declaraciones de los derechos humanos, para después definirlos como ampliables, re-construibles o reducibles «según el contexto». En otros puntos describe los derechos como fruto del consenso entre las mayorías democráticas, «conquista ético-política de todos».

¿Moral cambiante según contextos? ¿El consenso como origen de los derechos y, según EpC, criterio de enjuiciamiento moral? Por tanto, ¿el Estado democrático como fuente de moral? No sé si se aprecia el paralelismo moral entre ambas situaciones: Nüremberg 1946- España 2009.

  • Me lo contaron en clase, podría afirmar el asesino de Marta del Castillo, o el drogadicto moribundo en un portal con 21 años, o la niña de 15 que aborta por tercera vez, parafraseando la contestación de Ribbentrop.
  • ¿Qué te contaron, hijo?, le preguntaría el juez.
  • Que me descubriera a mi mismo, que construyera mi propia autonomía personal, que decidiera mi propia verdad, que el sexo mola pero el único límite es que sea seguro, que vale todo mientras lo elija yo, que cuestionara la autoridad de mis padres, que no existe una verdad objetiva, que los que lo crean son unos fundamentalistas, que buscara lo que me resulte más apetecible. Y eso he hecho, podría responder el joven.

¿De qué nos extrañamos?

¿Y aún quieren que no objetemos? ¿Cuál es el riesgo, un suspenso?

Y mientras, sigue adelante el proceso de aprobación de la ley que va a permitir eliminar a los discapacitados o enfermos en sus nueve primeros meses de vida. Mengele y Ribbentrop brindarían por el éxito. Continuará…

Fabián Fernández de Alarcón