Llevo 23 años de docencia en un centro de secundaria. Mixto, faltaría más. Porque dicen los sabios que la estructura y funcionamiento de los centros escolares deben imitar la realidad, y la realidad es mixta. Otra cosa sería discriminación o segregación, involución o carcundia, que no termina en ón.

Sin embargo en este planteamiento ideológico se olvida una de las funciones de la escuela, probablemente la primigenia y principal: la formación académica, una parte de la formación que los padres no pueden, en la inmensa mayoría de los casos, asumir. Y cualquier cosa que pueda optimizar este aprendizaje debería ser valorado, respetado y puesto a disposición de los padres que quieran aplicarlo a sus hijos.

Hablo de la educación diferenciada que, contra lo que algunos creen, tiene unas sólidas bases pedagógicas por encima de cualquier ideología.

Mi experiencia, año tras año, me muestra una realidad que se ignora o se trata de obviar: que el desarrollo hormonal es diferente entre los chicos y las chicas y que, en cuanto al rendimiento académico, los varones resultan muy perjudicados.

Si, la educación mixta, en determinadas edades, perjudica mucho al varón, pero claro, eso es políticamente incorrecto decirlo y contraviene las normas de igualdad de determinada ideología política. Porque si algo no es beneficioso por igual, no genera igualdad sino desigualdad. Y si algo genera desigualdades… discrimina al perjudicado.

Me explico. Las mujeres desarrollan antes que los chicos y, durante el desarrollo, la eclosión hormonal produce, por lo general, comportamientos más moderados en las chicas que tiene una contrapartida mucho más visceral en los chicos.

Las púberes se ponen muy tontas y romanticonas y algunas comienzan a naufragar en los estudios mientras escriben cartas de amor, peinan a su amiga durante las explicaciones del profesor o se pintan las uñas. La presencia masculina en clase no les afecta demasiado. Para ellas, sus compañeros son menores, los ven niños cuando ellas, con 12 y 13 años comienzan a ser mujeres. Se fijan en alumnos de cursos superiores. O, de forma anecdótica, en algún repetidor de su propia clase. De manera general, la bajada de rendimiento escolar es menor que la de los varones en proporción de alumnas y en número de suspensos y, además, es menos prolongada.

Sin embargo, veo año tras año el despertar hormonal de los chicos y la fuerza con la que, en su transformación en hombres, despiertan a los encantos femeninos.

He visto alumnos perdidos en la visión del tanga que asomaba del vaquero de su compañera de delante ajenos a las explicaciones del profesor. Ajenos a cualquier explicación. Ajenos hora tras hora.

A los 14 y 15 años, cuando los varones comienzan su andadura de hombres y las hormonas les alteran las percepciones, tienen la clase repleta de mujeres que «lucen sus encantos» haga o no buen tiempo. Al menos en los «mixtísimos» centros públicos. Y las hormonas no ayudan precisamente a centrarse en la biología, ni en la química, ni en la historia…

El fracaso escolar en 2º de ESO afecta más al sexo femenino. En 3º el bajón de notas es espectacular y a ello colaboran las chicas más rezagadas en su desarrollo y el grueso de los varones. En 4º los varones continúan su descenso y las chicas remontan. No hablo de percepciones. Hablo de estadísticas sacadas año tras año.

El fracaso escolar masculino, entendido como la no titulación, llega a duplicar, en algunas zonas de España, al femenino. Y como docente que vive cada día la realidad, creo que, en no pequeña parte, está relacionado con el desarrollo hormonal. Afirmo por ello que no es descabellado pensar que para muchos varones sería un beneficio la educación diferenciada en determinadas etapas.

Porque ¿qué se busca con la enseñanza: imitar la realidad mixta o preparar a los alumnos intelectualmente para un futuro? Tras responder a esta pregunta habría que actuar en consecuencia.

La ideología igualitaria está en muchos casos, posiblemente, abocando al fracaso escolar a los varones. ¿No vale la pena dar otras posibilidades, estudiar otras filosofías educativas? Si los medicamentos no funcionan igual en todos los organismos, ¡cuánto menos funcionarán de forma unánime las recetas para la formación intelectual, donde tantos factores se entremezclan!

Pero claro, esto supone la constatación de que hay diferencia entre hombres y mujeres. Y es una bomba para la ideología de género. Y afirmar que las recetas ideológicas para la igualdad generan desigualdades entre los desiguales, es un revulsivo de tal calibre para la ideología establecida que es mejor no reconocerlo nunca.

Aunque las estadísticas demuestren lo que digo, algunos se prefieren antes muertos que reconocer que otros pueden llevar algo de razón. ¡Y que el fracaso escolar en varones siga su curso!: Los colegios de educación diferenciada están permitidos legalmente porque no discriminan, en tanto que existen para los dos sexos y con la misma calidad y temarios. Sin embargo, no deben ser apoyados con fondos públicos.

Corolario 1: ¡Sólo faltaba darles dinero a unos tíos que demuestran que nuestra verdad ideológica tiene los pies de barro!

Corolario 2: El que considere que esto puede ser beneficioso para sus hijos, que lo pague. Total, para los más ricos. ¡¡¡Viva la no discriminación!!!

¿Buscamos la formación de los alumnos o la constatación de una premisa ideológica?

¿De verdad la imitación de la realidad mixta es tan imprescindible que puede hacer creer a los alumnos y alumnas que existe un mundo sin mujeres o sin hombres porque pasen unas horas diarias sin ver al sexo contrario para centrarse en el aprendizaje?

Dejémonos de tonterías. Estudié el BUP y COU en un colegio concertado femenino y en un instituto público femenino. En ningún momento me olvidé de que la realidad era mixta.

Quizá un slogan copiado de las ofertas de telefonía pueda hacer entender el asunto a los que se aferran a sus recetas «igualitarias» sin admitir otras opciones:

Los chicos con las chicas…18 de las 24 horas del día. Tarifa plana para los fines de semana.

Alicia V. Rubio Calle