Últimamente a los políticos y opinadores varios se les llena la boca con eso que llaman «un nuevo paradigma». En realidad, la expresión no está bien utilizada pero intuyo que se refieren, de manera un tanto pedante, a un nuevo modo de hacer las cosas.

Pues bien, yo quiero hablar de una nueva manera de hacer las cosas, se llame nuevo paradigma o se llame como sea. Mi planteamiento coincide con lo declarado por Leonor Tamayo, presidenta de Profesionales por la Ética, al conocer que Mariano Rajoy no va a reformar la Ley Aído. En esa ocasión, Tamayo afirmó que lo que puede dar la vuelta al aborto es devolverle la maternidad a su dignidad.

Y es que el aborto si, aborto no, en la España del siglo XXI solo sirve para que políticos de derechas nos tomen el pelo y desmovilicen a sus votantes durante 5 años, con la excepción de Derecho a Vivir, que bien cara paga su independencia, mientras que los gobiernos de izquierdas tienen la convicción de que el aborto es un derecho. Y esa convicción ha calado en la sociedad mientras la gente bien, la derecha sociológica se traga los embustes y manipulaciones prelectorales del partido en el poder y sus palmeros, que no son solo mediáticos. De esos aplausos y creencias ciegas en Mariano Rajoy (que antes lo fueron con Aznar, qué curioso) y de lo que obtuvieron a cambio tendrán que dar cuenta algunos.

Pues sí, en la España del siglo XXI, el discurso no puede centrarse ya en el aborto sino en una pedagogía de la maternidad y su valor social, político, jurídico y económico y en las denuncias de las múltiples agresiones que sufre y de cómo resolverlas. Y en una pedagogía del valor de la vida desde el punto de vista científico-ecológico y existencial-humano.

Y esa pedagogía, en su imagen, en sus mensajes, en su contenido y en sus líderes, debe ser atractiva, comprensible e ilusionante para nuestros compatriotas del siglo XXI, especialmente para los jóvenes. Si no trazamos esa hoja de ruta y emprendemos ese camino, no hay nada qué hacer en el tema del aborto.

Teresa García-Noblejas