En los momentos históricos difícNADANDO CONTRA CORRIENTEiles, el Espíritu suscita hombres cuya misión es iluminar y orientar a sus contemporáneos. Estoy convencido de que es así. Y cuanto más oscura es la época y más complejo resulta, frente a cualquier apariencia, discernir los signos y los acontecimientos, diferenciar la verdad y el error, el bien y el mal, más valor tiene la contribución de esos hombres dotados -más allá de sus humanas limitaciones y muchas veces pese a ellos mismos- de esa especie de «don profético».

Hay dos señales, entre otras, que ayudan a identificarlos. La primera es su capacidad para interpretar la realidad presente desde la dimensión más plenamente verdadera y necesaria de la persona: la relación con Dios. La segunda, la marginación y el desprecio que sufren por ser coherentes y mantenerse fieles a la vocación que han descubierto para el servicio al bien de todos.

No quiero pecar de exagerado y si hay algo que detesto es el culto a la personalidad,  pero cada vez que leo algún artículo de Juan Manuel de Prada experimento la impresión de estar ante uno de esos hombres. Y acaba de ocurrirme, una vez más y de forma muy intensa, al terminar de leer su muy recomendable segundo libro de recopilación de artículos, que tiene además un título especialmente expresivo del desafío actual: Nadando contra corriente*.

Cuando a ese «saber ver, entender y avisar» que es propio de los «profetas» se une un talento literario tan singular como el de Juan Manuel de Prada, es que además estamos ante un autor verdaderamente genial.

Jaime Urcelay

* Prada, J.M. de (2010), Nadando contra corriente, BuenasLetras, Madrid, 2010, 325 páginas.