En dos días estarán los niños de vacaciones, por fin.  Empiezan los días maravillosos de no mirar el reloj, de estar todos juntos, de hacer planes y estar tranquilos en casa, sin salir nada más que a hacer excursiones a la montaña y alguna vez a tomar un helado si es día especial.

Y es en estos días cuando más valoro y aprecio el privilegio de estar dedicada exclusivamente a la familia. Es verdad que mientras ellos están de vacaciones para mí viene siendo casi lo contrario, tengo el mismo trabajo de siempre: lavadora, comida, barrer, tender, planchar…..y además le añado la atención continua a sus historias y necesidades. Pero estamos juntos. No tengo que mandarles a un campamento urbano en el colegio, ni que se vayan con los abuelos y no verles en todo el mes, estamos juntos, en casa, de vacaciones.  Y es el mejor momento del año, sin punto de comparación.

La dedicación exclusiva a la familia ha desaparecido exponencialmente, está socialmente mal vista y las madres que lo elegimos muertas para la sociedad. Pero nuestro trabajo da estabilidad  a las familias, seguridad a los hijos y a la sociedad y además supone más de un  27 % del PIB, que no está nada mal….

La dedicación exclusiva a la familia no merma el desarrollo y el potencial de la mujer, sino que lo multiplica favoreciendo su realización. Permite el desarrollo de todas sus capacidades y de su identidad femenina poniéndolas al servicio de quienes más quiere y más le necesitan.

Pero sobre todo, es una libre elección de cada mujer y no puede ser juzgada ni discriminada por ello (algo que, por ejemplo, hace el gobierno descaradamente cuando nos niega los 100 euros mensuales por hijo menor de 3 años….que ya les vale). No es admisible que se nos consideren de segunda categoría. Ése es uno de los éxitos del feminismo radical, la discriminación de algunas mujeres por razón de su elección, la muerte social de quienes nos dedicamos en exclusiva a la familia, y el que pongamos a la familia en segundo lugar.

Y así nos va…

Leonor Tamayo