Como ya conté en otro post, soy de la CEAPA por rebote porque, para que mis hijos puedan ir a las actividades que organizan las AMPAS, hay que hacerse socia y, como la práctica totalidad de las de los centros públicos son de la FAPA Giner de los Ríos (Giner de los Líos la llamo yo) y de la CEAPA, pues me veo representada por la inefable CEAPA, a mi pesar.

Incluso, durante dos años, fui doblemente de la CEAPA, al pagar cuota de socia en dos AMPAS (y supongo que en las estadísticas de «representados» contabilizaría como el doble) cuando uno de mis hijos, ya en el instituto, quiso apuntarse a un actividad de tarde, lo que me llevo consecuentemente a una doble filiación en la FAPA de los Líos y la CEAPA: la del colegio y la del instituto. No querías café, pues toma dos tazas, Manolita, que diría el castizo.

Comprenderán que en tales circunstancias tengo un denodado interés por saber cómo respiran esos representantes impuestos y me tire de los pelos cada vez que dicen en mi nombre cosas totalmente opuestas a mis opiniones y principios. Vamos, que cada vez que abren la boca, me salen calvas. Y no callan.

Para desesperación de mi peluquera, hoy mis representantes de la CEAPA, han sacado un comunicado.

Después de felicitarse por el éxito de la huelga de padres y alumnos (que no ha sido tan exitosa según mis datos y mi personal percepción) exigen:

  •  La dimisión del ministro de un gobierno recién elegido por mayoría absoluta porque no les gusta lo que propone ( discrepamos 11.000.000 de votos y yo).
  •  Tratan de asociar los recortes de un país en crisis económica con un hipotético «desmantelamiento de lo público» (discrepamos la realidad y yo).
  •  Afirman que la educación en España está «divinamente» (discrepamos el informe PISA y yo).
  •  Exigen la retirada inmediata de un anteproyecto que trata de buscar nuevas soluciones a 30 años de fracaso  (discrepamos el sentido común y yo).
  • Se felicitan de que «el movimiento asociativo de los padres y madres del alumnado es un movimiento real, vivo y fuerte» (discrepamos la obligatoriedad de mi afiliación y yo).

Como ni el sentido común, ni el informe PISA, ni la realidad, (ni creo que la sensatez, si me permiten opinar) son socios de la CEAPA, y ésta no los representa, supongo que no tienen derecho a quejarse. Pero yo, sí.

Y ya, para que vean que todo depende del color del cristal con que se mire, la negativa a secundar el dislate de la «huelga de padres y madres» por parte de algunos padres sensatos que en algunas AMPAS han dicho «hasta aquí», lo presentan como un éxito de democracia, debate interno y atención a la opinión de sus socios.

Finalmente, exigen que el ministro se reúna con ellos para realizar una reforma nueva. Y aquí estoy, ilusionada, esperando que mis representantes de la CEAPA, en caso de poder sentarse a reinventar la nueva ley educativa cuenten conmigo, tan aficionados y respetuosos como son con la «democracia, el debate interno y la atención a la opinión de sus asociados». No creo yo que mis «voluntariamente elegidos y democráticos» representantes se atrevan a mangonearnos.

Por si acaso, me voy a coger una silla para esperar sentada.

Y entre tanto, rogaría a todos estas asociaciones que, mientras no sean verdaderamente apolíticas y democráticas, deslinden la filiación del AMPA de las actividades extraescolares a las que tenemos que recurrir muchos padres por motivos de trabajo. Que los 20 euros que nos cobran sean un «cuota de ayuda a la organización», pero que no implique la asociación y representación por parte de las «FAPAS de los Líos» y las «CEAPAS de los funcionamientos democráticos». Que eso lo elija voluntariamente el que quiera.

Alicia V. Rubio Calle