niñoClaramente a mucha gente lo de fin de año no le motiva nada, y aunque es cierto que tiene un cierto tufillo a desmadre y desatino en medio de la celebración de sincera alegría del nacimiento de Dios, todo es cuestión de orientar las cosas en la dirección adecuada.

El final de un año y el comienzo de otro es un momento de necesario parón para revisar el año que acabamos y de mirar hacia delante. Se trata de entrar en el fondo de nuestro corazón y nuestra conciencia, tomarse un tiempo para revisarnos a nosotros mismos, para ver si este año que ha terminado nos ha servido para avanzar un poco más en el camino que nos habíamos dibujado, si ese camino sigue yendo derecho y si va hacia donde queremos. Es el momento de reordenarnos, recordarnos qué es lo que queremos ser y hacer y volver a actualizar los medios que nos habíamos propuesto para conseguirlo. Es un buen momento para mirar alrededor y tratar de ver objetivamente si los demás nos ven avanzar, y si nosotros les ayudamos también a ellos; es momento de pensar en qué medida hemos colaborado para hacer más felices a los demás y también qué hemos aportado a la sociedad y al bien común. Es momento, en fin, de ser sinceros y mirar de frente nuestra vida a la luz y el calor del pesebre y, acurrucados allí en un rinconcito, ponerla en orden para hacerla fructificar.

No cabe duda de que cualquier momento es bueno para hacer esto mismo, pero es que en unos días vienen los Reyes y es importante que nos encuentren con todo ordenadito…..

Leonor Tamayo