Dieciocho de enero de 1990. Recién licenciado entro en mi primera clase de Biología para 1º de BUP. Tema: virus y bacterias. Con mis 23 añitos me encuentro con 42 colegialas de 14-15 años (cuando en España se traían hijos al mundo) clavándome la mirada. Y puedo asegurar que el motivo no era mi belleza externa, si bien empecé mis clases con la buena cabellera de la que hoy carezco ya casi por completo. Miradas incisivas e invasivas. Invasivas en el sentido de que el adolescente trata de “escanear” en un instante los miedos del profe novel que comete la locura de embarcarse en enseñar Biología a personas que no son niños, ni jóvenes, ni adultos… Pero personas de verdad, con sus anhelos y esperanzas. Miran tu ropa, tu calzado y, sobre todo, la expresión de tus gestos detectando al instante “de qué vas” con ellos.

Dieciséis de septiembre de 2009. Volveré a entrar en una clase con chavales de 14- 15 años. Yo estaré mucho mas alopécico, pero – pidiendo perdón anticipadamente por la falta de modestia- también mas experimentado. Me compensa el cambio: menos pelo pero más «tablas». Gracias a Dios sigo entrando ilusionado (yo soy de la banda de Don Quijote) y sigo enamorado de la vida en todos los sentidos y, mas concretamente, de la Biología. Me sigue apasionando ver la mano del Creador detrás de las mitocondrias, las regulaciones génicas y las interacciones entre los niveles bióticos y abióticos de los ecosistemas. ¡Qué se le va a hacer! Lo de las rarezas es de lo más personal: veo moléculas y células y siempre reaparece una especie de Poumpido bastante peculiar que acierta en lo más hondo de mi corazón de docente (y conste que no hay un ápice de sarcasmo en esta confesión).

Hechas las confidencias paso a detallar una especie de lista adelantada a los Reyes Magos. Sé que esto es un atrevimiento. Me refiero a llamar a la puerta de Sus Majestades en pleno septiembre, con su otoño calentito de costumbre, las proezas de los asalta-comisarías, las mentiras de la corruptela política y demás manifestaciones del penoso paisaje de nuestra querida Iberia. Siempre querida, a pesar de las

Z-ozobras P-rovocadas por ese personaje con cuyo nombre no quiero angustiarme.

Ahí va la lista sin más preámbulos:

1.- Quiero seguir luchando por inculcar el esfuerzo y el mérito a pesar de que la marea de la mayor de las injusticias – a saber, el igualitarismo por decretazo- amenace con arrollarme.

2.- Deseo seguir manteniendo la idea y la praxis de que es compatible disciplina y afecto para con el alumno. Que no me abandone jamás el siguiente pensamiento: «quiero a mis alumnos ergo les exijo lo que, razonablemente, pueden dar de sí».

3.- Seguiré oponiéndome al estúpido buenismo como antítesis del verdadero humanismo, a saber, el humanismo cristiano. Por ello quiero seguir oponiéndome a la caridad mal entendida en forma de caramelo envenenado cuando se regalan titulaciones o se reparten aprobados como si fueran las rosquillas de la Feria de San Isidro en mi querido barrio. En definitiva, quiero que jamás me abandone el pensamiento de que la única caridad verdadera es la Cáritas in veritate (La caridad en la verdad).

4.- Quiero seguir luchando por enseñar aunando razón y fe con el fin de contribuir humildemente a salvar la razón del callejón sin salida en el que se ha metido y para salvar la fe del fundamentalismo antievangélico.

5.- Que Dios me conceda toda la paciencia posible para vivir en caridad los mil y un enfrentamientos que me esperan. Los que más temo son los de los padres. Que la Gracia del que todo lo entregó por mí en la cruz venga en mi ayuda para seguir luchando contra ese supuesto amor paterno-filial tan falso como dramático en sus consecuencias.

6.- No ceder en absoluto a la tentación de que yo, por el hecho de ser profesor, no tengo ya que estudiar. Independientemente de la caída libre del nivel de la enseñanza en nuestra sufrida España quiero seguir estudiando porque nada ni nadie me exime de este deber.

7.- Y un deseo muy especial: que Dios me dé fuerzas para seguir luchando contra el estatismo revestido de Educación para la Ciudadanía. Desde mi posición. Con mis limitaciones de tiempo y de fuerzas. Pero jamás resignarme a que el Estado dé un vuelco al alma de estos chavales a los que quiero querer lo mejor posible. Anhelo seguir oponiéndome a esta tiranía pergeñada por sepulcros blanqueados que carecen de escrúpulos. Que me siga repugnando la idea de que el Mátrix Progre se impondrá sin remedio, metiéndose en los entresijos de toda la vida social, incluida la educativa.

Soy consciente de que ya he pedido más de lo que merezco. Solamente un apunte final: estos Reyes Magos adelantados a Septiembre simbolizan a Jesucristo, en quien sigo creyendo como la clave del hombre y de la historia. Que Él me dé la fuerza y la sabiduría suficiente para seguir creyendo que hoy solamente se puede ser maestro cristiano viviendo las actitudes propias de un seguidor de Jesucristo que desee dar fruto: diakonía y martyria. Sin rebajas ni concesiones, que ya se han hecho demasiadas.

Laus Deo.

Miguel Ángel Ortega