Estaba loca por él. Pero él ni siquiera la miraba. Aquella noche había bebido un poco de más y estaba especialmente inspirada y atrevida. Y él, le hacía caso, se reía con sus bromas y parecía no tener ojos más que para ella. Y ella creyó estar en el cielo y se prometió hacer cualquier cosa para que esa situación de felicidad perfecta se prolongara.

El lunes ella llegó a clase preciosa como una flor, con la ropa que más le favorecía, maquillada desde las 8;30 de la mañana con ese impulso inocente y absurdo que solo comprende una adolescente enamorada. Y él ni la saludó. Volvió a no mirarla, a no verla, como si fuera de cristal, transparente.

Un mes después ella se enteró de que yo estaba allí. Y él, que ni la saludaba, ni parecía verla, le dijo que yo podía ser un hijo suyo o de cualquiera. Y ella se calló hasta que a las 20 semanas se empezó a notar que las cosas eran diferentes. Y decidió contárselo a mis abuelos.

La llevaron en volandas a una clínica: estaba a punto de llegar al límite legal. Al límite que me permitiera seguir viviendo en una incubadora, si ella no me quería.

A mi madre no le dijeron nada, nada de la verdad.

Yo no era un montón de células informe: ya tenía todo lo que me daba aspecto humano, brazos, piernas manos con dedos….

Tampoco le dijeron que tenía ya todos los receptores y transmisores del dolor, igual que un adulto, pero que no tenía inhibidores.

No le dijeron que iban a trocearme vivo. Sin anestesia, sin piedad, sin miramientos. Con un dolor insoportable. Seguro que ella jamás lo hubiera permitido…

Uno a uno, mis pedazos fueron cayendo a un cubo de residuos.

Pude ser una niña… en un mundo diferente. La hubiera querido tanto…Le hubiera dibujado un corazón enorme el día de la madre…

Ahora sólo puedo intentar tocarla cuando ella está muy triste. Pero no me nota.

Ella no me mira, no me ve, soy de cristal, transparente.

Pero, a diferencia de mi padre, que ni la recuerda, ella tiene mi cristal roto siempre en su memoria.

Artículo escrito tras escuchar las ponencias de «el doloroso drama del aborto»  del Dr. F. Reinosa y Dr. E. Rodríguez en el Congreso Mundial de Familias (WFC)

Alicia V. Rubio Calle