El pasado jueves el Gobierno catalán presidido por Artur Mas consumaba su órdago separatista al anunciar la fecha y las preguntas del referéndum que pretende convocar el año próximo para conseguir la declaración de Cataluña como un Estado independiente. La respuesta del Gobierno de España fue inmediata: «La consulta no se celebrará porque nuestra Constitución no lo autoriza».

El periodista José Luis Restán, con su habitual buen criterio, se refería ayer en el diario ABC al verdadero desafío para dar continuidad de futuro a ese bien moral para la convivencia que se llama España.

MÁS QUE LEYES Y REGLAMENTOS

José Luis Restán

(ABC, 14/12/2013)

El órdago de Artur Mas se ha encontrado con el cubo de agua helada que le han vertido al alimón Rajoy (invocando la Constitución) y Van Rompuy (con los reglamentos de la Unión en la mano). La pasada por el hielo, rápida y cortante, era sin duda imprescindible. La ley es un dique frente a la arbitrariedad y el disparate que toda sociedad sana debe mantener bien a punto.

Pero sería un error quedarnos ahí. Lo que pone en riesgo el ensueño soberanista es un bien que se ha gestado a lo largo de siglos de historia: es un entramado de relaciones familiares, económicas, culturales, políticas y religiosas. Las leyes no crean este valor, simplemente lo reconocen y protegen. Por eso no basta apelar a la legalidad y hacer cumplirla.  También es necesario argumentar y comunicar, con inteligencia y pasión, ese bien común que las leyes protegen.

El organismo vivo que llamamos nación española ha adoptado muchas formas y acometido empresas muy diversas. En esa larga singladura no han faltado incertidumbres y fracasos, pero la conciencia de que vivir juntos es un gran bien no abandonó durante siglos a los españoles de todo origen y condición.

La vida de las naciones, como la de las personas, no es una foto fija ni responde a un plan prediseñado. Es fruto de la razón y de la libertad de sus gentes para aforntar circunstancias siempre nuevas, generalmente impredecibles. Ante los desafíos de la España actual vamos a necesitar algo más que leyes y reglamentos. Necesitamos gente, en Cataluña y en el resto de España, que quiera recrear de nuevo el ideal compartido y la vida buena  que nace de caminar juntos. Hacer política consiste también en favorecer esto.