Sobre el niño republicano, no acaba todo ahí. El proyecto socialista para hacerse con las conciencias de cara a la transformación social existe desde Pablo Iglesias. Rodolfo Llopis Ferrándiz, diputado socialista y director general de Enseñanza Primaria en el primer gobierno republicano, afirmaba:“Para mí no hay revolución simplemente porque se lleve a efecto un cambio de régimen político. Ni siquiera hay revolución cuando junto al cambio político hay un cambio social. Para mí, el ciclo revolucionario no termina hasta que la revolución no se haga en las conciencias. Y esa es la labor que tiene que hacer la escuela. Porque yo no concibo un revolucionario que no sea algo educador, y un educador que no sea revolucionario. La escuela tiene que ser el alma ideológica de la revolución.”

Llopis, a su vuelta de la visita cultural que hizo a la URSS ya de Stalin, se identificaba con el papel de los maestros en la revolución: “¿Quién ha de hacer esa revolución en las conciencias y en los espíritus? Para nosotros no hay duda. Esa revolución ha de ser obra de los educadores, de la escuela (…). Los revolucionarios (…) acaban por refugiarse en la pedagogía (…). Hay que apoderarse del alma de los niños. Ese es el grito, el lenguaje pedagógico de la revolución rusa”.

Por cierto, y siguiendo con los paralelismos entre la república y el gobierno ZP, ¿a que no sabéis qué ordenó Llopis retirar inmediatamente a los maestros de todas las aulas cuando se estrenó en el cargo en Educación? ¿La pizarra? Noooooooo. ¿Las cortinas? Noooooo. ¿El estrado del profesor? Noooooo…. ¡¡¡¡Los crucifijos!!! ¿A que os suena?

 

Fabián Fernández de Alarcón