Tengo por el partido fundado por Pablo Iglesias (el original) una verdadera atracción fatal. Incluso en un trabajo académico para obtener el DEA dediqué muchas horas a estudiar la historia de la Juventudes Socialistas durante la Segunda República. Un tema apasionante al que lamentablemente no puedo dedicar mucho tiempo. Disculpen la pedantería.

En el fin de semana en el que este partido ha cambiado su secretario general me surgen varias reflexiones. Se dice que Sánchez era el candidato más moderado frente, por ejemplo, a un Madina. Tengo la sensación (ojo, me puedo equivocar) de que es un candidato de «diseño»: buena planta, joven, comunicador, perfil profesional y experiencia política la justa para no haber pisado ningún callo dentro ni fuera del partido.

Como todo buen candidato de «diseño» lo más interesante es saber quién o quiénes son los cerebros grises de la operación y los que le van a marcar o ayudarle en la estrategia. Que a veces coincide con el Comité Ejecutivo (o con algunos de sus miembros) y a veces no.

Leo que tiene el clásico «tic» anticlerical de la gente del PSOE. Evidentemente, ¿Qué esperaban? Reveladoras sus declaraciones en el Congreso del fin de semana: «Yo llevo a mi hija a un colegio público y no quiero que le enseñen religión sino Educación para la Ciudadanía». Por si alguien todavía dudaba de la pretensión de la famosa asignatura, Sánchez confirma que la religión estatal obligatoria es … Educación para la Ciudadanía.

Otros gestos de Sánchez: no levantó el puño al cantar la Internacional. Y en el turno de los abrazos no siguió el orden en el que estaban sentados sus antecesores en el partido. Si no me falla la memoria, empezó por Felipe González, siguió por Rubalcaba (sus grandes valedores, creo yo) y acabó por Zapatero.

Estaremos atentos.

Teresa García-Noblejas