En estas semanas de campaña electoral es frecuente escuchar improperios y críticas hacia los políticos. El clásico «son todos iguales» o «estos no han robado porque no han tenido todavía poder» resuena en los oídos de muchos de nosotros.

Pero junto a estos comentarios, también es verdad que la política vuelve a interesar a la gente (sobre todo a los jóvenes) como hacía años que no ocurría. El fin del bipartidismo está despertando la inquietud de muchos; unos, con ilusión. Otros, con preocupación.

Y la realidad es que el panorama de partidos con posibilidades de gobierno en España es poco alentador. En lo ideológico, las opciones oscilan entre la reingeniería social radical (Podemos y similares) y la de guante blanco (PP). En regeneración democrática las opciones aumentan pero habrá que verlas aplicadas. En inclinaciones totalitarias parece que se llevan la palma las izquierdas pero si nos atenemos a algunas acciones del PP en relación con sus disidentes o a su férrea política de control de medios de comunicación, no estoy tan segura de qué partido es más autoritario. En laicismo, es evidente que el PSOE ha alzado la bandera, algo que curiosamente ha beneficiado al PP, algunos de cuyos dirigentes han empezado a ponerse la medalla de «católicos». 

¿Es desalentador el panorama político? Yo diría que es un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos. No tenemos políticos incorruptos, buenos gestores y defensores de la cultura de la vida y de la dignidad de la persona, promotores de la familia natural y defensores de la unidad entre los españoles con liderazgo y capacidad de ilusionar… porque sencillamente no están tampoco en la sociedad ni hay interés alguno en que los haya.

Si en la sociedad predomina el espectáculo, tendremos políticos-actores. Si prima la eficacia, tendremos buenos gestores. Si la corrupción es generalizada en todos los ámbitos, la política no va a ser una excepción. Si la secularización es creciente, los políticos serán agnósticos o laicistas.  Si en España hay 100 000 abortos anuales, pocos candidatos a gobernarnos van a oponerse al pensamiento dominante.

¿Puede revertirse esta situación? Estoy convencida de que sí pero no se hará de un día para otro. Nos queda mucho que hacer en pedagogía adaptada a los nuevos tiempos y las generaciones jóvenes. Y deberá hacerse en la cultura, en la educación, en el ámbito cívico. Sin excluir, naturalmente, la acción política y de Gobierno.

¿Nada por hacer? No, está todo por hacer. Así que menos lamentos y más trabajo.

Teresa García-Noblejas

Imagen tomada de Adiciones