Estigmas, además de aplicarse explícitamente a las marcas que dejó la Crucifixión en el cuerpo de Cristo, son las marcas o señales en el cuerpo, y también el “desdoro, afrenta, mala fama” de alguien, según el diccionario de la RAE de la Lengua. Me ha llamado la atención al acusación de un “activista radical homosexual socialista pensionado” -¿hace falta que diga que su nombre empieza por Z?- a las familias y a la Iglesia de intentar “estigmatizar” a los homosexuales. Y nos preguntamos: ¿Quién es hoy el estigmatizado?

   

Estigmatizados, es decir marcados, señalados en su cuerpo, en su desempeño público, afrentados en su fama, hoy, NO SON LOS HOMOSEXUALES. Puede reconocerse que en otras épocas sí lo estuvieron, como lo pudieron estar las madres solteras, o los judíos en la Alemania nazi, o los sacerdotes y religiosos en la Segunda República española o el las Revoluciones de izquierdas. En estos dos últimos casos, los estigmas fueron reales y acabaron efectivamente en muerte del “señalado”. Pero hoy, lo denostado no es ser homosexual, ni muchísimo menos.

 

 Muy al contrario, los “estigmatizados” de hoy son, por ejemplo, las madres adolescentes o jóvenes que osan llevar a cabo su embarazo. Tienen en frente, señalándolas, acusándolas, incluso despreciándolas, a sus familias, a sus parejas, a la comunidad. Estigmatizados son los padres que quieren dar una educación cristiana íntegra, sin mancha de relativismo, laicismo y pansexualismo a sus hijos y se ven obligados a objetar, entre otras cosas, a Educación para la Ciudadanía. Son señalados, acusados de hacer política con sus hijos, de radicales, de fundamentalistas, de caníbales reaccionarios, de imbéciles (entre otras lindezas literalmente recogidas que Peces, Marina, Zerolo, Gabilondo o Sabater, por ejemplo, les han dedicado).

 

 Estigmatizadas son las familias numerosas que son señaladas por imprudentes, irresponsables o retrasadas mentales. Todo por aceptar el amor humano con todas las posibles consecuencias, que en su caso son muchos hijos, y por aceptarlo con alegría renunciando a muchas cosas que el mundo promete para hurtarte después. Por discreción me callo aquí las barbaridades que mi mujer (32 años y 6 hijos) escucha con frecuencia en su trabajo, en la cola del supermercado o con las vecinas en el parque.

 

Estigmatizados son los jóvenes que afirman querer mantenerse vírgenes hasta el matrimonio, acusados de estúpidos, rancios, estrechos y cosas peores. Estigmatizados son los sacerdotes que visten como ministros de Cristo para dar testimonio al mundo y ponerse a su servicio. Estigmatizado es el Papa por proclamar la verdad, por defender la justicia, por ser discípulo de Cristo y no del mundo. Estigmatizados son tantos y tantos hombres y mujeres que se niegan a entrar en el molde uniformador de lo políticamente correcto.

 

Estigmatizados somos los que nos negamos a adorar al dios dinero, al dios placer o al dios dominio y éxito (las tres P, poder, placer y poseer). Los que no nos hemos vendido a al menos uno de esos tres dominios, y humildemente luchamos, sea en el día a día o sea en momentos trascendentes, como la madre a la que tratan de hacer abortar, para que prime el Bien sobre mi interés y comodidad, y la Verdad sobre mis apetencias.

Así que no se queje usted tanto, Sr. Zerolo. Y no me venga con los nuevos derechos, Sr. Zapatero. Los estigmas los ponen ustedes, y con mucho éxito, camino que se inició hace ya unas décadas y que ustedes se está consolidando. Este proceso se culmina ahora desde el poder, desde la propia legislación deconstructora del orden social, desde los medios de comunicación, desde la producción de contenidos, desde todos los resortes del control de la opinión pública que, no vamos a negarlo, han ido conquistando paulatinamente.

 

Pues bien, sepan ustedes, Z&Z, que sus estigmas quedan bien bonitos. Nos duelen, nos escuecen, nos hacen sufrir, a veces mucho, e injustamente, pero nos ennoblecen, y hasta quedan bien. Algunos no estamos hechos para estar dócilmente camuflados entre el rebaño, o al menos no dentro de cualquier rebaño. Y hay Alguien que nos precedió en los estigmas, a Quien le encanta porque le recuerdan a los suyos. Para Él, y para nosotros, los estigmas son amor coherente por los suyos, amor hasta dar la vida. El estigma de esa madre embarazada, de esos padres, de esas familias numerosas, de esos jóvenes, de esos sacerdotes, del Papa, son estigmas porque dan Vida.

 

Y eso es lo que Z&Z no soportan. Por eso, olé por nuestros estigmas. Los nuevos estigmas.

  

Fabián Fernández de Alarcón