• Estigma, condición, atributo, rasgo o comportamiento que hace que su portador sea incluido en una categoría social hacia cuyos miembros se genera una respuesta negativa y se les ve como culturalmente inaceptables o inferiores.
  • Estigma social, desaprobación social severa de características o creencias personales que son percibidas como contrarias a las normas culturales establecidas.

Estaba reflexionando sobre los grupos estigmatizados en la sociedad actual a raíz de un curso de la UNED, que se llevará a cabo en Fuenlabrada, titulado Cómo detectar y eliminar el estigma. Los grupos estigmatizados que mencionaba eran homosexuales, lesbianas transexuales, enfermos de SIDA y discapacitados.

Sería lamentable que, en una sociedad inclusiva, madura y evolucionada como la nuestra (al menos de eso nos jactamos orgullosamente), alguno de estos colectivos estuviera estigmatizado y bueno es cuanto, desde el respeto a las leyes y los derechos humanos, se haga para quitar el estigma. Dejando aparte a los enfermos de SIDA y a los discapacitados, el caso es que miro a mi alrededor y algo me chirría.

Pongo la televisión y un amplio número de presentadores, famosos y famosillos son reconocidamente homosexuales o lesbianas y parecen llevar el estigma con mucho desparpajo y alegría. Transexuales hay menos pero supongo que es porque proporcionalmente son un colectivo muy minoritario, aunque puedo mencionar varios casos de personas transexuales famosas y triunfadoras, a veces, simplemente por su misma condición de tales.

Todas las teleseries que veo tienen personajes especialmente guapos, simpáticos, o divertidos que son gays o lesbianas. Según mis cálculos, la proporción en las series de personajes de este estigmatizado grupo, extrapolado a la población real, es excesiva y por ello, poco creíble. Pero en fin… Y no veo que sean estigmatizados por el vecindario, sus compañeros de trabajo, amigos… es cierto que son series de ficción, pero el estigma no aparece por ningún lado. Es más, tan normalizada está su condición sexual que aparecen en horarios infantiles.

Dentro de un par de semanas, el colectivo estigmatizado va a celebrar una suerte de fiestas patronales, con subvención pública, en las que básicamente se va a hacer alarde de su condición sexual. Y gran parte de la población, que se supone que los estigmatiza y tal, se incorporan al «festival del estigma» aplaudiendo los gustos sexuales de los estigmatizados.

Si miro a mi alrededor, encuentro compañeros de trabajo y amigos homosexuales y lesbianas que son aceptados y queridos. Unos lo han manifestado públicamente y de otros, se supone que lo son, sin que nadie le preocupe ni mucho ni poco.

De verdad que yo me imaginaba eso del estigma como un lastre que hay que ocultar y que te produce perjuicios sin cuento en caso de ser «descubierto».

Pese al terrible estigma, nadie les impide participar en la política, opinar, documentada o indocumentadamente, sobre cualquier tema, nadie cierra sus bares de «ambiente» ni les impide el acceso a cualquier profesión, lugar o ámbito.

Sin embargo, me encuentro con que hay un colectivo al que se le impide participar en la política en caso de que haga alarde de su condición, hablar y opinar sobre cualquier tema de forma que su «no-estigma» impide la libertad de opinión y expresión, que se le intentan cerrar los centros de reunión, a quien no se les respetan sus sentimientos e incluso se le veta en profesiones, lugares y ámbitos en caso de que den señales de su «no-estigma».

Políticos recriminados y apartados por decir que son católicos, obispos atacados por dar su opinión, capillas universitarias en peligro de cierre, mujeres semidesnudas profanando los sentimientos de millones de cristianos, iglesias llenas de pintadas pidiendo su quema o la muerte de los que las visitan, profesionales perseguidos por donar dinero a asociaciones provida o profamilia.

Ni un solo católico en las series, salvo para ridiculizarle. Ni un solo católico confeso en las televisiones genéricas porque se les depura si se identifican.

¿Se imaginan si sólo una de esas cosas le sucediera a un homosexual?

¿Para cuándo, señores de la UNED, el estigma del católico?

Alicia V. Rubio Calle