Afirmaba Séneca: lo que las leyes no prohíben puede prohibirlo la honestidad. Cuando un padre asume la posibilidad de objetar a la materia Educación para la Ciudadanía, lo hace tras un serio y profundo discernimiento sobre el contenido de lo que su hijo va a tener que aprender e incorporar a sus principios y a su escala de valores. Algunos, ignorantes del contenido, desarrollo y criterios de evaluación, de las materias que engloban la EpC, se creen con la autoridad para opinar sobre las circunstancias que mueven a los padres objetores, tachándoles incluso de buscar intereses políticos. Nada más lejos de la realidad.

Un movimiento como el objetor a EpC sólo puede venir auspiciado y motivado por el profundo amor y cuidado con el que se quiere educar a los hijos, que capacita a los padres para enfrentarse, como es el caso, con el poder establecido y con los adláteres que lo secundan, explicita e implícitamente. Los padres, solo buscan una cosa y es hacer efectivos los derechos que les reconoce la Constitución: libertad, igualdad y no discriminación, pluralismo, y libertad para educar a sus hijos conforme a sus convicciones. Esto es difícil de entender en Cuba o en Venezuela, ¿países con cuestionable tradición democrática?, pero en un país democrático como el nuestro, es algo que natural y aprendido desde niño. Libertad para vivir, no para morir, ni física ni espiritualmente.

El atentado a la moral que se produce con la materia de EpC, tal y como está configurada, es de gran calado y persigue un fin propio de un Estado totalitario que sólo puede vencerse a través de la honestidad de los padres objetores. No podemos transmitir la propiedad de los hijos al Estado, entre otras muchas cosas, porque ni siquiera nosotros somos propietarios de su vidas, pero sí somos máximos y últimos responsables de su cuidado y educación. Así que el Estado se va a quedar con las ganas de tener la ¿propiedad? de los hijos objetores y de intentar inculcarles ideas que van contra la propia naturaleza del hombre. Al final los hijos serán, a pesar de las intenciones de algunos, hombres y libres.

Si logras conservar intacta tu firmeza, cuando todos vacilan y tachan tu entereza, si a pesar de esas dudas, mantienes tus creencias, sin que te debiliten extrañas sugerencias, si luchas, pues por más que tengas en la brega que sufrir, cuando todo esté peor, mas debes insistir, y así todo lo tendrás y ADEMÁS HIJO MIO: ¡UN HOMBRE TU SERAS!. Y luego también ciudadano. ÁNIMO, está en juego nuestra dignidad como hombres y como ciudadanos libres.

Francisco José Ramos Vega. Abogado.

Artículo publicado en El Heraldo de Soria, 24-3-2009