A solo cinco meses del inicio del nuevo curso escolar, las administraciones autonómicas preparan sus instrucciones y normativas con la mirada puesta en septiembre de 2016.

En este contexto, padres madrileños se han dirigido a Profesionales por la Ética para mostrar su preocupación por la Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y No Discriminación de la Comunidad de Madrid aprobada en la Comunidad de Madrid el pasado mes de marzo y publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid el pasado 26 de marzo. Esta norma legal, como sucede en otras similares aprobadas en Cataluña, Andalucía, Navarra, Galicia, Canarias y Extremadura, incluye un importante capítulo educativo. Profesionales por la Ética las analizó en profundidad en su Informe Las leyes de la desigualdad. Informe sobre la vulneración y recorte de derechos fundamentales en las nuevas leyes autonómicas sobre «igualdad de género» que puede descargarse aquí:

http://www.profesionalesetica.org/wp-content/uploads/2014/10/PPE-Informe-Las-Leyes-de-la-desigualdad-20102014-vF.pdf

La Ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y No Discriminación de la Comunidad de Madrid incluye la definición de trans: «toda aquella persona que se identifica con un género diferente o que expresa su identidad de género de manera diferente al género que le asignaron al nacer».

Y además, la ley madrileña establece las siguientes «obligaciones» que deberán cumplir docentes y centros educativos, como por ejemplo:

— Diseñar e implantar en todos los centros educativos un protocolo de atención educativa a la identidad de género.

— Dirigirse a los alumnos trans  por el nombre que este o sus representantes elijan. Es decir, que el niño que haya elegido ser niña deberá ser llamado por el nombre de esta última «en todas las actividades docentes y extraescolares que se realicen en el centro, incluyendo los exámenes».

— Respetar la imagen e indumentaria elegida por el alumno trans. Se indica expresamente que, de existir en el centro obligatoriedad de «vestir un uniforme diferenciado por sexos, se reconocerá el derecho del alumnado trans a vestir aquel con el que se sienta más identificado». El uso de aseos y vestuarios por parte de los alumnos seguirá el mismo criterio: el alumno decidirá cuál usa (varón o mujer) en función de su «identidad de género».

Además, la Comunidad de Madrid, ejerciendo sus competencias educativas, incluirá en el currículo de educación primaria y secundaria contenidos que sensibilicen sobre orientación sexual y la identidad de género. Y además, «adoptará las medidas necesarias para transformar los contenidos educativos que impliquen discriminación o violencia física o psicológica basadas en la identidad o expresión de género» tanto en la escuela privada como en la concertada. Se deja muy claro que los contenidos del material educativo empleado en la formación de los alumnos «promoverán el respeto y la protección del derecho a la identidad y expresión de género y a la diversidad sexual».

La apuesta por la «educación para la transexualidad» obliga a dar cabida a proyectos curriculares que contemplen y permitan la educación afectivo-sexual y la discriminación por motivos de identidad de género o expresión. También se impartirá al personal docente formación adecuada que incorpore la diversidad sexual y de género en los cursos formativas con el fin de eliminar «actitudes y prácticas con prejuicio o discriminatorias dentro del sistema educativo, basadas en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquier orientación sexual, identidad de género o expresión de género».

Alicia Rubio, portavoz de Libres para Educar, una iniciativa de Profesionales por la Ética, ha declarado que «esta legislación no pretende evitar las agresiones a alumnos diferentes sino adoctrinar a los menores en ideologías y teorías socialmente controvertidas. Se vulnera además la libertad de educación y , en especial, el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones».

Rubio asegura que nos encontramos ante un «verdadero totalitarismo de género» que pretende normalizar lo que es excepcional y que todo el sistema educativo se adapte a esa realidad inhabitual promoviendo una educación para la homosexualidad y la transexualidad».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Además, la Comunidad de Madrid, ejerciendo sus competencias educativas, incluirá en el currículo de educación primaria y secundaria contenidos que sensibilicen sobre orientación sexual y la identidad de género. Y además, «adoptará las medidas necesarias para transformar los contenidos educativos que impliquen discriminación o violencia física o psicológica basadas en la identidad o expresión de género» tanto en la escuela privada como en la concertada. Se deja muy claro que los contenidos del material educativo empleado en la formación de los alumnos «promoverán el respeto y la protección del derecho a la identidad y expresión de género y a la diversidad sexual».

 

La apuesta por la «educación para la transexualidad» obliga a dar cabida a proyectos curriculares que contemplen y permitan la educación afectivo-sexual y la discriminación por motivos de identidad de género o expresión. También se impartirá al personal docente formación adecuada que incorpore la diversidad sexual y de género en los cursos formativas con el fin de eliminar «actitudes y prácticas con prejuicio o discriminatorias dentro del sistema educativo, basadas en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquier orientación sexual, identidad de género o expresión de género».

 

Alicia Rubio, portavoz de Libres para Educar, una iniciativa de Profesionales por la Ética, ha declarado que «esta legislación no pretende evitar las agresiones a alumnos diferentes sino adoctrinar a los menores en ideologías y teorías socialmente controvertidas. Se vulnera además la libertad de educación y , en especial, el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones».

 

Rubio asegura que nos encontramos ante un «verdadero totalitarismo de género» que pretende normalizar lo que es excepcional y que todo el sistema educativo se adapte a esa realidad inhabitual promoviendo una educación para la homosexualidad y la transexualidad».