Proseguimos con nuestro proyecto didáctico y divulgativo titulado Líderes para la Historia, con la tercera entrega dedicada a Tomas Moro. La primera entrega sobre este santo la pueden leer aquí. Y la segunda en este enlace. La serie dedicada a Tomas Moro está escrita por Carlos Cachán, Profesor de Ética y Deontología de la comunicación. Universidad Nebrija.

Moro ama la vida, como la ama cualquier ser humano. Pero ama a Dios por encima de todo. Los viernes medita la Pasión de Cristo. Sabe que no se puede “ir al Cielo en un colchón de plumas”. Y así se lo recuerda constantemente a sus hijos. No es un teórico del sufrimiento, sobrevenido o voluntario. Predica con el ejemplo. Durante su prisión en la Torre de Londres, frío, humedad, mala comida y escasas horas de sueño no le impiden vestir su mejor ropa interior: una camisa de pelo de cerda, que le cubrirá su cuerpo hasta el día de su decapitación, instante en que se la entrega a su hija Margaret.

No es un hombre milagrero. Ruega a Dios la “gracia” de esforzarse para conseguir las cosas que en la oración le pide. ¿Qué pide Sir Tomás Moro? No lo que él, con su esfuerzo personal, puede lograr. Suplica que le dé la gracia de fijar su “corazón firmemente en el Dios de la Gloria”. Y así poder apartar “toda melancolía y tristeza mala, toda esperanza mala, toda alegría y regocijo malos”.

Ni un intelectual vanidoso, pese a que Erasmo haya admitido públicamente que Moro es uno de los tres hombres “mejores y más ilustrados” de Inglaterra, así como “astro único” en el firmamento de Gran Bretaña. “Dios todopoderoso –escribe poco antes de ser ejecutado-, aparta de mí toda vanagloria, todo deseo de mi propia alabanza, toda envidia, codicia, glotonería, pereza y lujuria, todo movimiento de ira, todo deseo de venganza, todo deleite en el daño de otros, todo placer en provocar a cualquiera a la ira, toda delectación en reprochar e insultar a cualquier persona en su aflicción y calamidad”.

Sí un humanista de refinada cultura, como se aprecia en sus escritos en latín; sus textos en inglés le convierten en uno de los fundadores de la más hermosa prosa inglesa. Es uno de los padres de la historiografía inglesa: su historia de Ricardo III –en la que se inspiró Shakespeare- sigue siendo un clásico. Y su célebre Utopía, publicada por primera vez en Lovaina en 1516, uno de los textos fundamentales de la filosofía política. Con esta obra, la palabra “utopía” se incorporó a todas las lenguas europeas. Goza con la música –tocaba la flauta y la viola- y la pintura.

Uno de los mejores abogados nacidos en Inglaterra, cuyos conocimientos jurídicos y sus sentencias despertaron la admiración de los colegas de su época y de nuestros días –hasta el punto de ser el patrono de los abogados, gobernantes y políticos-, no tiene reparos en pedir al Dios todopoderoso que le dé “un espíritu humilde, sumiso, sereno, apacible, paciente, caritativo, amable, tierno y compasivo, y que todas mis obras y todas mis palabras y todos mis pensamientos tengan el sabor de tu santo y bienaventurado Espíritu”.

Aparte de sus creencias y convicciones religiosas, Moro fue fiel a sus compromisos terrenales: como humanista, diputado, abogado especialista en derecho marítimo y comercial, juez en la Cámara de la Estrella, embajador en Flandes y Francia, consejero real, presidente de la Cámara de los Comunes, Canciller de Inglaterra, escritor, ciudadano, esposo, tanto de Juana Colt, que le dio cuatro hijos, como de Alicia Middleton, viuda con una hija; y padre de una amplísima familia, de la que formaban parte sus hijos, yernos, nueras y nietos, además de muchos jóvenes amigos que buscaban la verdad y el cultivo de la filosofía o teología.

El “insigne hombre de gobierno” –en palabras de Juan Pablo II-, desarrolló una extraordinaria carrera política en su país. Ningún humanista europeo tuvo un recorrido profesional tan brillante. En menos de 25 años, de 1504 a 1529, pasó de miembro del Parlamento a Lord Canciller del Reino de Enrique VIII. Primer laico que ocupó la más alta dignidad pública de Inglaterra. Dimitió al día siguiente de que el clero inglés se sometiera definitivamente a la supremacía del rey sobre la Iglesia. Alegará motivos de salud. Pero la razón más profunda es que no está dispuesto a que el poder temporal usurpe la primacía de la verdad. A que la libertad y el primado de la conciencia del ciudadano sucumban ante el Estado.

Cree Moro que abandonando la vida pública y retirándose a su casa, se le dejará tranquilo. Se equivoca. El rey no puede consentir que el que ha ocupado los más altos cargos y gozado de las confidencias reales, no acepte su divorcio de la reina Catalina, su legítima esposa.

Carlos Cachán

Para saber más:

Tomas Moro. Keith Watson. Perspectivas (UNESCO), vol. XXIV, nº 1-2, 1994, págs. 181-199

http://www.ibe.unesco.org/publications/ThinkersPdf/moros.PDF

http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/archive/publications/ThinkersPdf/moros.PDF

Un hombre para todas las horas: la correspondencia de Tomás Moro (1499-1534)

Editado por Álvaro De Silva

http://goo.gl/9MCAQ4

Tomas Moro: obras completas

http://www.dudasytextos.com/clasicos/tomas_moro_completas.htm