El filósofo Carlos Jariod Borrego ha demostrado ser, a través de un buen número de colaboraciones de prensa, una de las cabezas con una visión más lúcida sobre las raíces de la actual emergencia educativa y de las vías por las que es posible corregir esta situación. Él conoce bien, desde su experiencia como director y profesor de Instituto de Bachillerato, la realidad cotidiana de nuestros jóvenes, de los docentes y de los centros de enseñanza.

Suma a todo ello el testimonio de su compromiso con diferentes iniciativas sociales para la lucha por la libertad educativa y la mejora de la enseñanza, como han sido sus responsabilidades en la CONCAPA o el impulso de la Asociación de Profesores Educación y Persona y la plataforma de padres Toledo Educa en Libertad. Quienes desde Profesionales por la Ética compartimos con él la movilización de los padres frente a la agresión de Educación para la Ciudadanía (EpC), no podremos nunca olvidar su compromiso personal ni la calidad de sus análisis y propuestas, que tanto contribuyeron a dar orientación al movimiento objetor.

Hay, pues, motivos sobrados para recibir con verdadera gratitud hacia el profesor Jariod la aparición de su libro «SOS educativo», editado por Digital Reasons.

De dicha editorial podemos ya anticipar la siguiente reseña de la obra:

La educación está en peligro. Necesita una cura urgente, quizá una terapia de choque. Pero para ello es necesario conocer cuáles son las razones de estado tan lamentable. Sin duda, hay razones externas al sistema educativo. La crisis educativa hunde sus raíces en una cultura incrédula y nihilista.

Nuestra civilización ya no cree en el hombre, El relativismo es la filosofía dominante de nuestra época, la cual deja huérfano al hombre de valores e ideales objetivos; sólo la voluntad individual, el deseo egoísta que busca ser colmado de inmediato es lo que parece dar sentido a la mayoría de las existencias actuales. Así, nos vemos abocados al nihilismo como lógica consecuencia relativista.

El relativismo y el nihilismo destruyen la educación. Se rechaza la tradición, sobre la que debe basarse la educación de las nuevas generaciones, y se sustituye por la idea de que todo es una construcción individual y social. El constructivismo educativo parte de esta afirmación.

Pero también hay razones internas al sistema educativo. El igualitarismo pedagógico, la escuela comprensiva, la errónea relación alumno-profesor, la falta de autoridad en nuestras escuelas e institutos son algunas de ellas.
Pero hay razones para la esperanza. Bastaría que rescatáramos la centralidad de la persona y la concretáramos en la figura del docente y del estudiante, para que pusiéramos las bases de otra educación.

La escuela católica, sin duda, es la que en mejor disposición está para esa hermosa tarea.

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