«El resentimiento es una autointoxicación psíquica«. Con esta frase de Max Scheler comienza el primer capítulo del libro «Del resentimiento al perdón. Una puerta a la felicidad»*, un breve pero sólido y práctico tratado del que es autor el mexicano Francisco Ugarte Corcuera, Doctor en Filosofía por la Universidad de la Santa Cruz de Roma.

En apenas 77 páginas, Ugarte aborda con claridad, sencillez y profundidad un tema poco común en la literatura como es el del resentimiento, un problema muy extendido que bloquea la felicidad de muchísimas personas y que, a la vez, perturba las relaciones sociales generando conflictos de todo tipo.

El lector encontrará, a través de una exposición muy ordenada, la explicación de cuál es la naturaleza del «veneno del resentimiento» , cómo surge en nosotros y como intervienen las emociones, la inteligencia y la voluntad.para que se produzca en mayor o menor grado esta respuesta negativa ante lo que consideramos una ofensa… o para que directamente se evite.

Con realismo y la misma finura en el análisis psicológico, el autor explica también las características personales del «re-sentido» (inseguridad, exceso de emotividad, egocentrismo…), cuáles son los factores que pueden potenciar esa tendencia en nosotros y cómo contrarrestarla de manera práctica.

Pero posiblemente los capiítulos que más pueden aportar para encontrar soluciones prácticas al resentimiento son los dedicados al perdón, una decisión de la voluntad que no está exenta de complejidad pero que para Ugarte es el medio más importante para resolver el problema del resentimiento. Un remedio que en ocasiones supera las posibilidades de la la razón humana, necesitando el auxilio de la teología para resolver sus dimensiones más misteriosas y paradójicas. Por qué perdonar, hasta dónde perdonar, cómo perdonar o los efectos del perdón, son algunas de las cuestiones prácticas que se abordan en la parte final de esta pequeña joya, de lectura muy recomendable.

*Ediciones Rialp, Madrid, 2012 (4ª edición), 77 págs.

(Imagen: detalle del cuadro de Chagall «Le fils prodigue», 1976).