17-O según Cristina

Hay momentos en la Historia en que las decisiones y actos de quienes ostentan mucho poder tienen una trascendencia especial en el rumbo que toma la sociedad; y en si ese rumbo se acerca o se aleja de la dirección marcada por la evolución natural.

La nueva Ley del Aborto, que convierte el aborto en un derecho, es una de esas decisiones trascendentales. Además, dicha ley se apoya en la promoción del aborto y la promiscuidad entre los jóvenes a través de la educación sexual contenida en la propia norma y se complementa con el castigo previsto para los profesionales sanitarios que no quieran asesinar a los no nacidos.

Esta ley está incluida en un paquete que conforma el proyecto total de destrucción de la familia y de la moral natural (y, por tanto, de la cultura cristiana) en el que está empeñado el actual Gobierno de España, apoyado fuertemente, o quizá dirigido, por determinadas sectas y «lobbies» que rebasan los límites nacionales. El objetivo final es patente: lograr que las nuevas generaciones sean fácilmente manipulables desde el Poder totalitario para que éste perdure indefinidamente. Toda la moral, todos los derechos y todos los deberes los determina este Estado que, además, controla la Justicia y los medios de comunicación, y así los ciudadanos se convierten en súbditos homogéneos, sin libertad ni ilusiones ni estímulos más allá de los instintos.

La verdadera democracia requeriría que todas las leyes las votaran todos los ciudadanos directamente. Los políticos se limitarían a elaborar, proponer y debatir las leyes, que votarían directamente los ciudadanos. Es decir, todas las leyes se someterían a «referéndum», para evitar que los diputados traicionasen a sus electores. Técnicamente, estamos muy cerca (si es que no es posible ya, si hubiera voluntad para hacerlo) de que esto sea factible, pero a la falsa democracia, a la partitocracia, no le interesa.

La nueva Ley del Aborto es la más extremista de las promulgadas hasta ahora, con ser sectarias y extremistas la mayoría de las impuestas en estas dos últimas legislaturas, ya que se trata de la exterminación de seres humanos porque molestan. Por eso hay que recurrir esta vez a referéndum:

  • Porque el Gobierno y su poderosa red mediática está engañando al pueblo, lo mismo que han hecho con su complementaria Educación para la Ciudadanía (más bien «para la Tiranía»), respecto al significado de la ley.
  • Porque muchos diputados han claudicado a las amenazas del Partido y otros han vendido su voto por privilegios en los presupuestos. Por tanto, no están representando a sus votantes sino que los están traicionando.
  • Porque es inconstitucional, ya que transgrede los artículos 15 y 27.3 de la Constitución y la sentencia 53/1985 del Tribunal Constitucional.

En cualquier caso, es importante dejar claro que ni el Congreso ni el referéndum ni ninguna mayoría pueden determinar que una ley sea buena o mala, justa o injusta. Las leyes son justas o injustas según concuerden o no con la ley natural.

Por eso es injusta esta ley, no porque lo diga una mayoría, en un lugar y en un momento determinados. Y aunque el referéndum aprobara la ley, tampoco la convertiría en justa.

Lo que este referéndum pretende evitar es el ingente sufrimiento, confrontación, violencia y degradación que va a producir si se promulga.

Enrique Díez