Francia está debatiendo una ley de “eutanasia” encubierta bajo la expresión “derecho a la sedación”. De momento el proyecto ha sufrido su primer revés al no haber sido aprobado en la Asamblea Nacional aunque el trámite parlamentario sigue su curso.

¿Es mala la sedación? ¿Es que están Vds contra la sedación?, me twitteaba una persona el otro día. Naturalmente que no somos contrarios a la sedación. Ni a las intervenciones quirúrgicas. Ni a la escayola.

El problema no es la sedación sino el establecer, como hacen en España las leyes autonómicas de Andalucía y Aragón (y se pretende en Francia), un supuesto “derecho a la sedación”.

Como nos explican los expertos de Vida Digna, se pretende establecer como “derecho” aplicar la sedación de manera absoluta, sin tener en cuenta las condiciones de dosis y situaciones clínicas concretas

La sedación terminal consiste en aplicar fármacos que provocan la pérdida de consciencia como tratamiento ante síntomas que no responden a otras medidas terapéuticas. El efecto de la muerte no debe ser nunca la intención del médico, sino un posible efecto adverso colateral, no buscado ni deseado, de la medicación. Al final de la vida, la aplicación de medicación sedante, a la mínima dosis eficaz, permite aliviar el sufrimiento, constituyendo así un acto médico profesional y humanitario que es aceptado por la Ética Médica y no es nunca una eutanasia.

Si la sedación está médicamente contraindicada o se aplica en dosis excesivas o con intención de causar la muerte, la sedación se convierte en eutanasia.

De modo sistemático no se debería aplicar si no se busca tratar un síntoma refractario, que no ha respondido a otro tratamiento; en cualquier caso, no puede ser empleada la sedación terminal para tratar la ansiedad de la familia.

Por ello, no puede hablarse de «derecho a la sedación terminal», por el mismo motivo por el que no existe el «derecho a la escayola».

Teresa García-Noblejas