Esta tarde Mariano RecLaMoncloaRajoy, flamante presidente del Gobierno de España, dará a conocer los nombres de sus ministros. Entre tanto, se suceden las quinielas en las tertulias, se desesperan los ambiciosos y sonríen los elegidos, sabedores de que la discreción es una virtud humana que se convierte en imprescindible para el ejercicio de la responsabilidad pública.

La oposición política y social (sindicatos de clase y demás) afila sus espadas deseando saltar a la yugular de alguno de nuestros nuevos gobernantes.

El discurso de investidura del candidato a presidente fue muy técnico, centrado prácticamente en lo económico, con un oportuno recuerdo inicial a las víctimas del terrorismo. En educación, ninguna referencia a la libertad y muchas a calidad.

En breve habrá que pedirle cuentas al nuevo Gobierno (cuando lo haya) en materia de libertades y protección de derechos fundamentales.

Pero hoy únicamente querría recomendarle a Mariano Rajoy y a sus ministros un magnífico libro algo anticuado en el lenguaje pero válido en sus consejos. Se trata de El arte de dirigir, del abad francés Gaston Courtois*. Esta joya contiene reflexiones que bien haría en leer cualquier persona con responsabilidad; he seleccionado dos de ellos adaptando algunos términos al lenguaje actual:

  • El dirigente no es más que el mandatario del bien común, que tiene que interpretar, defender y realizar, en servicio del interés del grupo y, por tanto, de la persona de cada uno.
  • El ejercicio de la autoridad es otra cosa que llevar una insignia, el derecho al saludo de parte de algunas categorías de funcionarios, y como argumento supremo, el derecho a sancionar. Se supone actividad extrema, un permanente don de su mismo, el cuidado en sus actividades y en el ejercicio de sus responsabilidades, un sincero y profundo amor de los hombres y una perfecta dignidad de vida.

Teresa García-Noblejas

*Editado en España por la Sociedad de Educación Atenas en 1959.