Con el inicio del curso escolar proliferan en colegios e institutos los talleres de educación afectivo-sexual, a menudo encubiertos en inocentes programas de Educación para la Salud. Otras veces, impartidos en horas de tutoría o como actividad extraescolar. Las instituciones que los promueven y avalan, además de los propios centros escolares, son los ayuntamientos y los centros de salud. Los imparten expertos o personas con alguna acreditación. He aquí algunos ejemplos de los impartidos en los últimos días en Tenerife y en Utrera.

Conviene hacer algunas precisiones sobre este asunto. La educación para la salud es algo bueno, evidentemente. Ya saben: hacer ejercicio, comer fruta, lavarse las manos antes de las comidas, dormir las horas necesarias…

El problema es que, sin conocimiento ni autorización de los padres, se les impartan a los menores lecciones de afectividad y sexualidad que, necesariamente, implican una concepción antropológica, una visión de las relaciones humanas y afectivas y unos valores. La Constitución Española, en su artículo 27.3., protege los derechos de los padres; así que si tiene hijos en edad escolar lo más recomendable es que presente en su centro escolar, con copia registrada en su poder, el impreso que puede descargarse aquí:

http://www.profesionalesetica.org/wp-content/uploads/downloads/2010/09/CONSENTIMIENTO-13092010.pdf

O bien otro escrito similar en el que Vd. deje bien claro qué desea ser informado de qué lecciones (más allá de las asignaturas curriculares) se van a impartir a sus hijos y con qué contenido. Y en su caso, con la Constitución en la mano, los padres tienen todo el derecho a negarse a que vayan o a exigir su consentimiento expreso. Lo mejor es que sean los padres los que se formen y no dejen en manos ajenas la educación afectiva y sexual de sus hijos. O al menos no sin su conocimiento y consentimiento.

Teresa García-Noblejas